Microbiota intestinal y enfermedades digestivas

microbiota intestinal y enfermedades digestivas
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El papel de la microbiota en el sistema digestivo

La microbiota intestinal no es solo un conjunto de microorganismos —bacterias, virus, hongos y otros—, sino un ecosistema complejo que desempeña un papel fundamental en el funcionamiento del sistema digestivo y en la salud general del organismo. Cada individuo posee una composición microbiana única, determinada por factores como la genética, el tipo de parto, la alimentación, el uso de antibióticos y el entorno. Además, esta microbiota no es estática, sino que evoluciona a lo largo de la vida.

 

Composición de la microbiota intestinal

La microbiota intestinal está dominada por bacterias pertenecientes principalmente a seis grandes grupos:

  • Firmicutes,
  • Bacteroidetes,
  • Actinobacterias,
  • Verrucomicrobia,
  • Proteobacteria,
  • Fusobacteria.

En total, se han identificado millones de genes microbianos, con una media de cientos de miles por individuo, y una gran diversidad de especies bacterianas. Entre los géneros más representativos destacan Faecalibacterium, Roseburia, Clostridium, Bacteroides, Prevotella y Bifidobacterium. Además de bacterias, también forman parte de la microbiota otros microorganismos como arqueas, hongos y virus.

 

Funciones de la microbiota en el equilibrio intestinal

Más allá de su composición, lo realmente relevante es la función que desempeña la microbiota intestinal. Esta comunidad microbiana realiza tres funciones esenciales:

  • Función metabólica: participa activamente en la digestión de alimentos que el organismo no puede procesar por sí solo, facilitando la obtención de energía y nutrientes esenciales, como ciertos ácidos grasos o vitaminas.
  • Función defensiva (efecto barrera): la microbiota actúa como una primera línea de defensa frente a microorganismos patógenos. Al ocupar nichos ecológicos en el intestino, impide la colonización de bacterias externas potencialmente dañinas y reduce el riesgo de infecciones.
  • Función trófica e inmunológica: las bacterias intestinales interactúan de forma continua con el sistema inmunitario. Este contacto favorece su maduración desde las primeras etapas de la vida y contribuye a mantenerlo activo y equilibrado, funcionando como un “entrenamiento” constante frente a agentes infecciosos.

En conjunto, la microbiota intestinal es un componente clave para el equilibrio del sistema digestivo. Su adecuada composición y funcionamiento no solo influyen en la digestión, sino también en la protección frente a enfermedades y en la regulación del sistema inmunológico, lo que la convierte en un elemento esencial para la salud global.

 

¿Qué ocurre cuando la microbiota intestinal se desequilibra?

El equilibrio de la microbiota intestinal es fundamental para el correcto funcionamiento del sistema digestivo. Cuando este ecosistema se altera, se produce lo que se conoce como disbiosis intestinal, es decir, un desequilibrio en la composición y función de los microorganismos que habitan en el intestino.

La disbiosis puede implicar una disminución de bacterias beneficiosas, un aumento de microorganismos potencialmente patógenos o una pérdida de diversidad microbiana. Este desequilibrio afecta directamente a las funciones metabólicas, defensivas e inmunológicas de la microbiota, lo que puede tener consecuencias tanto a nivel digestivo como general.

Entre los síntomas más frecuentes asociados a la disbiosis se encuentran:

  • Distensión abdominal e hinchazón
  • Gases y digestiones pesadas
  • Diarrea o estreñimiento
  • Dolor abdominal
  • Intolerancias alimentarias
  • Mayor susceptibilidad a infecciones gastrointestinales

Algunos de estos síntomas, como la hinchazón abdominal y los gases, el estreñimiento crónico o las alteraciones del tránsito intestinal, pueden tener causas diferentes, por lo que conviene valorar el contexto y consultar con un profesional sanitario si persisten. Además, cada vez existe más evidencia de que la disbiosis intestinal está relacionada con enfermedades digestivas crónicas como el síndrome del intestino irritable, la enfermedad inflamatoria intestinal o incluso trastornos metabólicos y del sistema inmunitario.

 

Factores que modifican la microbiota intestinal: desde el nacimiento hasta la edad adulta

La microbiota intestinal comienza a desarrollarse incluso antes del nacimiento y continúa evolucionando durante toda la vida. Hoy en día, se sabe que no somos completamente estériles al nacer, sino que ya existe cierta exposición a microorganismos durante la gestación. A partir de ese momento, diversos factores influyen en la composición de la microbiota, especialmente en las primeras etapas de la vida.

Los factores perinatales, es decir, aquellos que actúan durante el embarazo y el momento del nacimiento, son determinantes:

  • Factores externos durante el embarazo: el estrés materno, el tabaco y otros hábitos poco saludables pueden alterar la microbiota del bebé, favoreciendo la presencia de bacterias potencialmente dañinas y reduciendo microorganismos beneficiosos como las bifidobacterias.
  • Edad gestacional: los bebés prematuros presentan una microbiota más desequilibrada debido a la falta de maduración del sistema digestivo e inmunológico, lo que aumenta el riesgo de enfermedades.
  • Obesidad materna: puede influir en la transmisión de microorganismos asociados a una mayor capacidad de obtención de energía, lo que podría predisponer al desarrollo de obesidad en el niño.
  • Tipo de parto:
    • En el parto vaginal, el recién nacido adquiere microorganismos beneficiosos de la microbiota vaginal materna, como los lactobacilos.
    • En la cesárea, la colonización proviene principalmente del entorno y la piel, con menor diversidad microbiana y mayor presencia de bacterias potencialmente patógenas.
  • Uso de antibióticos en el embarazo: puede retrasar la colonización de bacterias beneficiosas en el neonato y favorecer la proliferación de microorganismos no deseados.

 

Factores que modifican la microbiota intestinal en el adulto

En la edad adulta, la microbiota intestinal es relativamente estable, pero continúa siendo muy sensible a distintos factores del estilo de vida que pueden alterar su equilibrio y favorecer situaciones de disbiosis.

  • Alimentación: es el factor más determinante. Una dieta rica en fibra, frutas, verduras y alimentos fermentados favorece una microbiota diversa y equilibrada. Por el contrario, el consumo elevado de ultraprocesados, azúcares y grasas saturadas puede reducir la diversidad bacteriana y promover microorganismos perjudiciales.
  • Estrés: el estrés crónico afecta al eje intestino-cerebro, alterando la composición y función de la microbiota. Puede modificar la motilidad intestinal, aumentar la inflamación y contribuir al desequilibrio microbiano.
  • Uso de fármacos: especialmente los antibióticos, que eliminan tanto bacterias beneficiosas como patógenas. Otros medicamentos, como antiinflamatorios, protectores gástricos o laxantes, también pueden influir en la microbiota.
  • Descanso y sueño: la calidad del sueño es clave. Alteraciones del ritmo circadiano o dormir de forma insuficiente pueden afectar negativamente a la diversidad y estabilidad de la microbiota intestinal.
  • Actividad física: el ejercicio regular se asocia con una mayor diversidad microbiana y con un aumento de bacterias beneficiosas. Además, contribuye a mejorar la motilidad intestinal y a reducir la inflamación, favoreciendo así un entorno intestinal más saludable.

 

Enfermedades digestivas relacionadas con la microbiota

Cada vez existe más evidencia científica de que las alteraciones en la microbiota intestinal (disbiosis) están implicadas en el desarrollo y evolución de diversas enfermedades digestivas.

 

Síndrome del intestino irritable (SII)

El síndrome del intestino irritable (SII) es un trastorno funcional digestivo caracterizado por la presencia de dolor abdominal recurrente asociado a cambios en la frecuencia y/o consistencia de las deposiciones.

La disbiosis intestinal desempeña un papel importante en el SII. Los pacientes presentan una microbiota diferente a la de individuos sanos, con menor diversidad bacteriana y alteraciones en la cantidad de determinadas especies.

En general, se ha observado:

  • Un desequilibrio entre grandes grupos bacterianos, con aumento de Firmicutes y disminución de Bacteroidetes.
  • Reducción de bacterias beneficiosas, como Faecalibacterium prausnitzii, relacionada con efectos antiinflamatorios.
  • En el caso del SII con diarrea (SII-D), una disminución de ciertas bacterias asociadas a la regulación de la consistencia de las heces.

 

Enfermedad inflamatoria intestinal (EII)

La enfermedad inflamatoria intestinal (EII), que incluye patologías como la enfermedad de Crohn y la colitis ulcerosa, también está estrechamente relacionada con alteraciones en la microbiota.

En estos pacientes se observa:

  • Menor diversidad bacteriana
  • Disminución de bacterias protectoras, como Bifidobacterium y Lactobacillus
  • Aumento de bacterias potencialmente patógenas, como Escherichia coli y Clostridium

Además, se produce una alteración en la actividad metabólica de la microbiota, con:

  • Reducción en la producción de ácidos grasos de cadena corta (como butirato, acetato y propionato), fundamentales para la salud intestinal
  • Aumento en la producción de compuestos potencialmente tóxicos

 

Diarrea asociada a antibióticos

La diarrea asociada a antibióticos es uno de los efectos secundarios más frecuentes del uso de estos fármacos y puede aparecer a cualquier edad.

Los antibióticos, aunque necesarios en muchos casos, alteran profundamente la microbiota intestinal:

  • Provocan una disminución significativa de la diversidad bacteriana
  • Eliminan tanto bacterias perjudiciales como beneficiosas
  • Favorecen el crecimiento de microorganismos oportunistas

Esta alteración puede provocar diarrea y otros trastornos digestivos, y la recuperación de la microbiota puede tardar semanas o incluso meses. En episodios de diarrea con pérdida de líquidos, puede ser necesario apoyar la hidratación con un suero oral para diarrea.

 

Cómo cuidar la microbiota intestinal para la salud digestiva

Algunas recomendaciones para mantener una microbiota intestinal equilibrada:

  • Alimentación equilibrada
  • Actividad física regular
  • Gestión del estrés
  • Descanso adecuado

Además de estos hábitos, en determinadas situaciones puede ser útil el uso de probióticos específicos, es decir, microorganismos vivos que, administrados en cantidades adecuadas, aportan beneficios para la salud.

No todos los probióticos son iguales. Cada cepa tiene efectos concretos, por lo que es importante seleccionar aquellas que han demostrado beneficios específicos.

 

Para el síndrome del intestino irritable (SII)

Algunas cepas han mostrado beneficios en la mejora de síntomas como dolor abdominal, hinchazón y gases, frecuentes en pacientes con SII:

  • Lactobacillus plantarum CECT 7484
  • Lactobacillus plantarum CECT 7485
  • Pediococcus acidilactici CECT 7483

Estas cepas contribuyen a:

  • Mejorar el equilibrio de la microbiota
  • Reducir la producción de gases
  • Disminuir la inflamación intestinal
  • Aliviar el dolor abdominal y la distensión

Para personas con síntomas compatibles con SII, puede valorarse el uso de un probiótico para colon irritable formulado con cepas específicas, siempre dentro de un enfoque global de cuidado digestivo.

 

Para la recuperación de la microbiota (antibióticos y cambios dietéticos)

Tras situaciones que alteran la microbiota, como el uso de antibióticos, tratamientos farmacológicos prolongados o cambios importantes en la alimentación, puede ser útil recurrir a estrategias orientadas a recuperar la microbiota intestinal. Ciertas cepas ayudan a restaurar el equilibrio intestinal:

  • Lactobacillus acidophilus NCFM®
  • Lacticaseibacillus paracasei Lpc-37®
  • Bifidobacterium animalis subsp. lactis Bi-07®
  • Bifidobacterium animalis subsp. lactis Bi-04®

Estas cepas favorecen:

  • La recuperación de la diversidad microbiana
  • El refuerzo de la barrera intestinal
  • La mejora de la digestión
  • La reducción del riesgo de diarrea asociada a antibióticos

 

BIBLIOGRAFÍA

Qin J, Li R, Raes J, Arumugam M, Burgdorf KS, Manichanh C, et al. A human gut microbial gene catalogue established by metagenomic sequencing. Nature. 2010;464(7285):59–65.

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Campaniello D, Corbo MR, Sinigaglia M, Speranza B, Racioppo A, Altieri C, et al. How diet and physical activity modulate gut microbiota: evidence and perspectives. Nutrients. 2022;14(12):2456

Autor

  • Silvia Gómez Senent
    La Dra. Silvia Gómez Senent es médica especialista en Aparato Digestivo, con amplia experiencia clínica, docente e investigadora en microbiota intestinal, permeabilidad intestinal y trastornos digestivos funcionales.
    Licenciada en Medicina por la Universidad Complutense de Madrid y especialista vía MIR en el Hospital Universitario La Paz, combina su actividad asistencial con la docencia, la investigación y la divulgación científica.
    Es autora de libros sobre microbiota y salud intestinal, y colabora en Lactoflora como especialista en contenidos relacionados con salud digestiva, disbiosis, probióticos y equilibrio de la microbiota.
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