Durante muchos años, la menopausia se ha explicado poco y, a menudo, desde una mirada negativa. Eso ha alimentado mitos sobre la menopausia que todavía condicionan cómo llegamos a esta etapa. Estas creencias pueden hacer que normalicemos síntomas que tienen solución, retrasemos una consulta o no adaptemos nuestros hábitos a los cambios hormonales.
Entender qué está ocurriendo nos permite vivir esta transición con más herramientas y cuidar mejor nuestra salud.
¿Por qué los mitos sobre la menopausia pueden perjudicar nuestra salud?
La menopausia no es una enfermedad, pero tampoco es simplemente dejar de menstruar. Los estrógenos participan en numerosas funciones y su descenso puede influir en el cerebro, el hueso, el músculo, el metabolismo, el sistema cardiovascular o la salud íntima.
Desmontar los falsos mitos sobre la menopausia nos ayuda a saber qué cambios son esperables, cuáles podemos mejorar y cuándo necesitamos acompañamiento profesional.
Mito 1: la menopausia comienza cuando desaparece la regla
Diferencias entre perimenopausia, menopausia y posmenopausia
La menopausia no empieza el día en que desaparece la menstruación. Antes existe la perimenopausia, una transición que puede comenzar varios años antes de la última regla y durante la cual los niveles de estrógenos y progesterona empiezan a fluctuar de una forma mucho más marcada.
La menopausia es, en realidad, un momento concreto: la última menstruación. Solo podemos confirmarla retrospectivamente, una vez han transcurrido 12 meses consecutivos sin regla. A partir de ese momento hablamos de posmenopausia, una etapa que nos acompañará durante el resto de la vida.
También existe el término climaterio, que engloba de forma más amplia esta transición entre la etapa fértil y la no fértil. Los años más cercanos al día de la menopausia suelen ser precisamente aquellos en los que existe mayor fluctuación hormonal y, por tanto, donde puede concentrarse una mayor sintomatología.
Síntomas que pueden aparecer antes de la última menstruación
Precisamente por eso es un mito pensar que todo empieza cuando desaparece la regla. Durante la perimenopausia ya pueden aparecer cambios muy evidentes, incluso cuando todavía seguimos menstruando con cierta regularidad.
Los síntomas de la perimenopausia pueden incluir sofocos, alteraciones del sueño, cambios de humor, ansiedad, palpitaciones, dolor articular, dificultad para concentrarse, fallos de memoria o esa sensación de “niebla mental” que muchas mujeres no relacionan inicialmente con los cambios hormonales.
Conocer la perimenopausia nos permite poner nombre a lo que está ocurriendo mucho antes de la última menstruación y empezar a adaptar nuestros hábitos desde ese momento.
Mito 2: todas las mujeres viven la menopausia de la misma manera
No existe una menopausia universal. Se han llegado a describir numerosas manifestaciones asociadas a esta transición, pero no todas aparecen en todas las mujeres ni lo hacen con la misma intensidad.
Hay mujeres que prácticamente no tienen síntomas, otras presentan unos pocos durante un periodo concreto y otras pueden experimentar varios síntomas de forma intensa y prolongada. También puede cambiar completamente el síntoma predominante: para una mujer pueden ser los sofocos, para otra el sueño, la memoria, el estado de ánimo, el dolor articular o la salud íntima.
Por eso la salud de la mujer en la menopausia necesita una mirada individualizada. Nuestra experiencia no tiene por qué parecerse a la de nuestra madre, nuestra hermana o nuestras amigas.
Mito 3: los síntomas son naturales y hay que soportarlos
Hay cambios que forman parte de esta transición y que probablemente muchas mujeres vamos a experimentar. Por ejemplo, existe una tendencia a redistribuir la grasa hacia la zona abdominal, nuestra composición corporal puede cambiar y también podemos notar modificaciones más sutiles en el sueño o en la forma en la que respondemos al estrés.
Eso no significa que debamos normalizar síntomas intensos que alteran nuestra calidad de vida.
Lo primero es entender que estamos atravesando un cambio fisiológico importante y que nuestros hábitos también tienen que cambiar con nosotras. La alimentación, el ejercicio, el descanso, el manejo del estrés o el cuidado de nuestra salud metabólica deberían adaptarse a este nuevo escenario hormonal.
Y cuando eso no es suficiente o los síntomas son especialmente intensos, existen tratamientos para la menopausia, hormonales y no hormonales, y determinadas estrategias de suplementación que pueden valorarse de forma individualizada.
No se trata de medicalizar una etapa natural, sino de no resignarnos a vivirla mal.
Mito 4: engordar durante la menopausia es inevitable
Quizá aquí el error empieza por centrarnos únicamente en el peso.
Durante esta etapa cambia nuestra composición corporal. Tenemos mayor facilidad para perder músculo y los cambios hormonales favorecen que la grasa tienda a acumularse más en la zona abdominal. Por eso dos mujeres pueden pesar prácticamente lo mismo y, sin embargo, tener una composición corporal y una salud metabólica muy diferentes.
Más que intentar mantener a toda costa el cuerpo que teníamos a los treinta años, necesitamos entender que estamos entrando en un nuevo cuerpo y preguntarnos cómo podemos mantenerlo sano.
Una alimentación adaptada a nuestras nuevas necesidades y un entrenamiento pensado para conservar y desarrollar masa muscular pueden ayudar directamente a nuestro metabolismo, a nuestra sensibilidad a la insulina y a nuestra salud futura. En esta etapa, proteger músculo y limitar el exceso de grasa visceral es mucho más relevante que perseguir simplemente un número concreto en la báscula.
Mito 5: la menopausia supone el final de la vida sexual
Cambios en el deseo sexual durante la menopausia
Ese deseo espontáneo, visceral y muy ligado al impulso hormonal que muchas mujeres hemos conocido durante la etapa fértil probablemente puede cambiar con el descenso hormonal.
Pero el deseo no desaparece necesariamente.
Puede convertirse en un deseo más responsivo, que necesita contexto, intimidad, estimulación, descanso, conexión con la pareja y también sentirnos cómodas en nuestro propio cuerpo. Entender que el deseo puede funcionar de otra manera nos permite dejar de interpretar ese cambio como el final de nuestra sexualidad.
Sequedad vaginal, molestias y síndrome genitourinario
Hay además un aspecto físico que puede dificultar todavía más la vida sexual: la sequedad vaginal y las molestias íntimas.
El descenso de estrógenos puede provocar sequedad, irritación, cambios en la elasticidad de los tejidos, dolor durante las relaciones y síntomas urinarios. Todo ello puede formar parte del síndrome genitourinario de la menopausia.
Es muy frecuente, pero también tiene abordaje. Existen hidratantes y lubricantes vaginales, tratamientos médicos locales y otras estrategias que pueden valorarse de forma individualizada. La alimentación, determinados suplementos y el cuidado de la microbiota íntima también pueden formar parte de una estrategia más amplia.
Si una relación sexual empieza a producir dolor, es completamente comprensible que disminuya el deseo. Por eso tratar las molestias físicas también es una parte importante de cuidar nuestra sexualidad.
Mito 6: la menopausia solo afecta a la menstruación
De hecho, dejar de menstruar es casi una de las últimas cosas que suceden.
Mucho antes podemos empezar a notar los efectos de los cambios hormonales en la menopausia en otras partes del organismo. Los estrógenos tienen receptores distribuidos por numerosos órganos y tejidos, por lo que su descenso puede influir en el cerebro, el hueso, el músculo, el sistema cardiovascular, el metabolismo, la composición corporal, el suelo pélvico o el aparato genitourinario.
El cerebro es especialmente sensible a las fluctuaciones hormonales. Esto ayuda a explicar por qué podemos notar cambios en el sueño, la termorregulación, el estado de ánimo, la atención o la memoria incluso antes de que desaparezca definitivamente la menstruación.
Por eso las consecuencias de la menopausia van muchísimo más allá de dejar de tener la regla.
Mito 7: la terapia hormonal es peligrosa para todas las mujeres
El miedo a la terapia hormonal en la menopausia está muy relacionado con la publicación inicial del estudio Women’s Health Initiative en 2002. Sus resultados generaron una alarma enorme, pero análisis posteriores permitieron entender que el balance entre beneficios y riesgos depende de factores como la edad, el momento en el que se inicia el tratamiento, el tipo de hormonas, la dosis, la vía de administración y los antecedentes de cada mujer.
Actualmente, la terapia hormonal puede ser una opción muy eficaz para determinadas mujeres con síntomas, siempre que esté correctamente indicada y se valoren de manera individual sus beneficios y riesgos.
Eso tampoco significa que sea adecuada para todas ni que deba utilizarse como tratamiento antiaging. Es una herramienta médica con indicaciones concretas que debe valorarse junto con un profesional sanitario.
Mito 8: si un remedio es natural, siempre es seguro
Que algo sea “natural” no significa que sea inocuo. Si una planta, un extracto o un suplemento tiene capacidad para producir un efecto en nuestro organismo es precisamente porque contiene compuestos activos.
Y esos compuestos tienen dosis, pueden producir efectos adversos, presentar contraindicaciones o interaccionar con determinados medicamentos.
Esto no significa que la suplementación durante la menopausia no pueda ser útil. Puede ser una herramienta fantástica cuando está bien indicada, pero necesitamos saber para qué la utilizamos, en qué dosis, durante cuánto tiempo y si es adecuada para esa mujer concreta.
Cuándo conviene consultar con un profesional sanitario
No hace falta esperar a encontrarnos muy mal para pedir ayuda. Conviene consultar cuando los síntomas interfieren con el sueño, el estado de ánimo, el trabajo, la sexualidad o nuestra calidad de vida, ante cambios menstruales que nos preocupen y siempre ante cualquier sangrado una vez establecida la posmenopausia.
Además, acompañar esta etapa no corresponde únicamente al ginecólogo. Podemos necesitar profesionales distintos en momentos diferentes: médicos, dietistas-nutricionistas para adaptar alimentación y hábitos, fisioterapeutas de suelo pélvico, psicólogos, sexólogos o profesionales del ejercicio.
Desmontar los mitos y verdades de la menopausia no consiste en presentar esta etapa como maravillosa ni como desastrosa. Consiste en comprenderla. Con información adecuada podemos reconocer lo que nos ocurre, adaptar nuestros hábitos, pedir ayuda cuando la necesitamos y cuidar nuestra salud de una forma mucho más consciente.