Descubre cómo afecta la menopausia a la microbiota vaginal y qué hábitos pueden ayudar a cuidar el equilibrio íntimo en esta etapa.
Cómo cambia la microbiota vaginal durante la menopausia
La menopausia causa una caída brusca y sostenida de los niveles de estrógenos, disminuyendo así la cantidad de glucógeno en las células vaginales y provocando una disminución de la población de lactobacillus (bacterias beneficiosas y protectoras).
Estas bacterias provocan ácido láctico lo que mantiene el pH vaginal en un ambiente ácido.
Durante la menopausia este pH se vuelve más alcalino (superior a 4.5), lo que favorece el crecimiento de bacterias patógenas y debilita la protección natural.
La disminución de estrógenos también hace que el epitelio vaginal se vuelva más fino, seco y frágil, facilitando la irritación y una mayor sequedad.
El papel de los estrógenos en el equilibrio vaginal
Los estrógenos no sólo son esenciales para la salud reproductiva de las mujeres, sino que también ayudan a regular la grasa corporal, favorecen la función cerebral y la salud ósea.
El ‘ estroboloma’ es un conjunto de bacterias intestinales que producen la enzima 𝛽-glucuronidasa, encargada de metabolizar y de modular la circulación enterohepática de los estrógenos y así influir en los niveles circulantes de estas hormonas y en su excreción.
Dado que una alteración del estroboloma afecta los cambios hormonales, también puede tener implicaciones para las mujeres posmenopáusicas. A medida que los niveles de estrógenos disminuyen después de la menopausia, el estroboloma se vuelve menos activo, lo que puede provocar afecciones relacionadas con las hormonas, como obesidad, enfermedades cardiovasculares y osteoporosis.
El equilibrio del estroboloma resulta fundamental para la salud hormonal de la mujer. Además un mal funcionamiento conlleva síntomas más intensos de la menopausia, problemas de peso y de libido.
Cambios en la composición de la microbiota vaginal
A diferencia de la microbiota intestinal, la vaginal está compuesta por una diversidad muy baja, con un sistema muy especializado y protector que un alto dominio de Lactobacillus, sobre todo especies como los Lactobacillus crispatus, que son más protectores.
En la etapa de la menopausia aparecen cambios en la composición de la microbiota:
Al disminuir la población de lactobacillus y como consecuencia incrementarse el pH, la microbiota intestinal empieza a perder la estabilidad y se convierte en un ecosistema más diverso, donde pueden proliferan otro tipos de bacterias que antes estaban controladas, como Gardnerella vaginalis, Prevotella y Atopobium.
Eje Intestino vagina: Existe una comunicación constante entre ambas microbiotas debido a la cercanía anatómica. Al perderse la barrera ácida protectora que creaban los lactobacilos, la zona vulvar y vaginal se vuelve vulnerable a bacterias que provienen del ano, de manera que pueden colonizar más fácilmente bacterias como Escherichia coli (principal causa de cistitis) y Enterococcus, que pueden subir fácilmente hasta la vejiga. Esta relación ayuda a entender por qué la microbiota vaginal e infecciones urinarias están estrechamente conectadas, especialmente cuando disminuye la protección natural de la zona íntima.
Microbios como Streptococcus y Staphylococcus, que normalmente están en la piel, pueden empezar a causar problemas como inflamación local o dolor.
La alteración de la flora y el aumento del pH facilita la colonización por bacterias patógenas y predisponen a infecciones como la vaginosis bacteriana o vaginitis.
Síntomas que pueden aparecer cuando se altera la microbiota vaginal
Cuando la microbiota vaginal se desequilibra (disbiosis) debido a la falta de estrógenos y lactobacilos la mucosa es más fina y el pH es inadecuado, aparecen molestias constantes como:
- Picor: A menudo causado por la proliferación de bacterias como los Streptococcus.
- Ardor o escozor, que aumenta al caminar o al usar roja ajustada.
- Sensación de sequedad o irritación
- Dolor o molestias durante y despues de las relaciones sexuales debido a la falta de
elasticidad y lubricación
Un flujo vaginal anormal con cambios en el color, textura y olor pueden indicar un desequilibrio.
- Mal olor: Un olor fuerte, típico de la proliferación de Gardnerella vaginalis.
- Cambio de color: Flujo que se vuelve grisáceo, amarillento o incluso verdoso.
- Leucorrea acuosa: Un flujo muy líquido y constante que irrita la piel de la zona íntima.
Factores que pueden afectar a la microbiota vaginal en la menopausia
Descenso de Estrógenos (Factor principal): La reducción de estrógenos provoca una disminución de glucógeno en las células vaginales, lo cual reduce la población de lactobacilos, bacterias beneficiosas encargadas de proteger contra infecciones.
Aumento del pH vaginal: Al disminuir los lactobacilos, el pH vaginal se eleva, volviéndose menos ácido y permitiendo que microorganismos patógenos proliferen. Mantener una flora dominada por lactobacilos es clave para equilibrar la flora vaginal y reforzar la protección natural de la zona íntima.
Sequedad Vaginal: La atrofia tisular derivada de la falta de hormonas disminuye la lubricación, favoreciendo la sequedad vaginal, lo que altera el entorno de la microbiota.
Antibióticos y Medicamentos: El uso de antibióticos puede eliminar las bacterias beneficiosas de la flora vaginal.
Hábitos de Higiene: Las duchas vaginales, el uso de jabones perfumados y la ropa interior ajustada pueden alterar el equilibrio natural de la zona.
Estilo de Vida: El estrés y una dieta desequilibrada afectan negativamente a la composición de la microbiota
Cómo cuidar la microbiota vaginal durante la menopausia
- Uso de probióticos: Los probióticos son microorganismos vivos que al adherirse a la mucosa vaginal, estos microorganismos ayudan a restablecer la flora íntima de forma natural, existiendo una formulación específica de probióticos para la menopausia.
- Ropa interior adecuada: Usa ropa de algodón en lugar de fibras sintéticas y evita prendas muy ajustadas para permitir una buena transpiración y reducir el riesgo de infecciones.
- Mantén la zona limpia y seca: utiliza jabones específicos para tratar la zona, evita geles perfumados, ni fragancias o polvos de higiene femenina.
- No realices duchas vaginales: esta práctica puede empeorar el flujo vaginal, ya que eliminarás las bacterias sanas que recubren la vagina para evitar contraer infecciones
- Secado adecuado: Después de la limpieza, asegúrate de secar bien la zona íntima para prevenir la humedad, que puede favorecer el crecimiento de bacterias y hongos.
- Higiene en relaciones sexuales: intenta miccionar antes y después de tener relaciones sexuales.
- Dieta saludable: una dieta en exceso de carbohidrato o azúcares puede favorecer el crecimiento de microorganismos patógenos en el tracto intestinal y urinario.
- Hidratación: es muy importante mantenerse hidratada para ir eliminando del cuerpo aquellas toxinas que han de estar fuera del cuerpo e ir limpiando nuestro organismo.
- Revisión ginecológica: Consulta al ginecólogo al menos una vez al año o ante cualquier síntoma como inflamación, picor o cambios en el flujo vaginal.
Alimentación equilibrada
La alimentación puede ayudar a acompañar esta etapa y favorecer una microbiota equilibrada, para compensar la caída de estrógenos y mitigar tanto la disbiosis vaginal como los síntomas sistémicos (huesos, corazón y metabolismo).
Alimentos Fermentados (Probióticos Naturales): Consumir yogur natural, kéfir, chucrut y kombucha ayuda a introducir y nutrir la microbiota intestinal, actúa como reservorio de las bacterias beneficiosas que migran a la vagina.
Incluye alimentos probióticos (yogures naturales o kéfir) y prebióticos (frutas, verduras y fibra integral). Estos fortalecen tanto tu microbiota vaginal como la intestinal, ya que ambas están relacionadas.
Por otro lado, los prebióticos son un tipo específico de fibra alimentaria que estimulan el crecimiento de los probióticos en nuestro organismo, ya que constituyen un alimento para ellos. Contienen inulina y fructooligosacáridos que alimentan a las bacterias intestinales beneficiosas.
Reduce el consumo de productos procesados y azúcares, y aumenta la ingesta de verduras y yogur para mantener el equilibrio natural de la flora vaginal.
La caída de estrógenos acelera la pérdida de calcio:
- Calcio y Vitamina D: Lácteos, pero también brócoli, col rizada (kale), almendras y sardinas con espina.
- Proteína de alta calidad: Aumenta ligeramente el consumo de huevos, aves o legumbres para evitar la sarcopenia (pérdida de masa muscular).
Ciertos alimentos alteran el pH y fomentan el crecimiento de bacterias malas:
- Azúcares refinados: Son el alimento favorito de los hongos y las bacterias patógenas.
- Alcohol: Deshidrata las mucosas y agrava la sequedad vaginal.
- Exceso de sal: Favorece la retención de líquidos y la descalcificación ósea
Como se puede observar, la alimentación y la microbiota vaginal están relacionadas, hasta el punto que la dieta puede influir en el equilibrio de la microbiota intestinal y vaginal.
Importancia de los probióticos
Los probióticos son microorganismos vivos que se encuentran en algunos alimentos y que resultan beneficiosos para nuestra microbiota, principalmente en la intestinal y vaginal.
Los lactobacilos son un ejemplo de probióticos, ya que, además de encontrarse de forma habitual en nuestra flora vaginal, también se encuentran en algunos alimentos derivados de los lácteos como el yogur y el kéfir, el chocolate negro, y derivados vegetales como el chucrut y los encurtidos.
- Kéfir de leche: Contiene una enorme diversidad de bacterias (como Lactobacillus kefiri) y levaduras beneficiosas que combaten activamente la colonización de hongos.
- Yogur natural entero: Aporta cepas de Lactobacillus bulgaricus y Streptococcus thermophilus. Debe ser sin azúcar añadido, ya que el azúcar alimenta a la cándida
- Yogur griego auténtico: Destaca por su alta concentración de microorganismos vivos y menor cantidad de lactosa.
- Chucrut (col fermentada): Es rico en Lactobacillus plantarum, una cepa muy resistente que sobrevive al paso por los jugos gástricos.
- Kimchi coreano: Mezcla fermentada de col, rábano y especias. Contiene bacterias del género Leuconostoc y Lactobacillus que potencian el sistema inmunitario urogenital.
- Pepinillos en salmuera: Aquellos fermentados de forma natural en agua y sal.
Los lactobacilos nos defienden de las infecciones por varios mecanismos: se adhieren a las células de las paredes vaginales impidiendo que los patógenos ocupen estos lugares.
También producen ácido láctico, consumiendo el glucógeno, que sería también alimento para los patógenos. A su vez son capaces de generar bacteriocinas y sustancias como el peróxido de hidrogeno, que contribuyen a la aniquilación de dichos gérmenes.
Hábitos que ayudan a mantener el equilibrio íntimo
- Limpia de adelante hacia atrás. Al usar el baño, hazlo siempre en esta dirección. Así evitas arrastrar bacterias de la zona anal hacia la vagina
- Seca a toques suaves. Usa una toalla limpia y exclusiva para la zona íntima. Da pequeños toques sin frotar para eliminar toda la humedad residual.
- Evita perfumes y desodorantes. No utilices jabones convencionales, sprays íntimos, toallitas perfumadas ni polvos. Alteran gravemente el pH natural.
- Prefiere productos de algodón orgánico. Si utilizas compresas o tampones, busca marcas libres de blanqueadores clorados, plásticos y perfumes sintéticos.
- Lava bien las manos. Hazlo siempre antes y después de manipular cualquier producto de higiene o de tocar la zona íntima
- Usa ropa interior de algodón. Este tejido facilita la transpiración natural. El nylon o el poliéster acumulan calor y favorecen la proliferación de hongos.
- Duerme sin ropa interior. Dejar la zona libre de prendas durante la noche permite una ventilación total y reduce la acumulación de sudor. Si prefieres dormir vestida, opta por pantalones anchos de algodón o camisones flojos que no aprieten las ingles.
- Evita suavizantes fuertes. Lava las sábanas y la ropa interior con detergentes hipoalergénicos y sin suavizante químico para evitar dermatitis por contacto.
- Quítate la ropa húmeda rápido. Cambia tu bañador o ropa de deporte mojada inmediatamente después de entrenar o nadar.
- Evita prendas muy ajustadas. Los pantalones excesivamente estrechos aumentan la temperatura y la fricción en la zona vulvar.
- Orina después de tener relaciones. Hacerlo ayuda a expulsar de la uretra cualquier bacteria introducida durante el coito.
- Consume alimentos con probióticos. Incorpora yogur natural, kéfir o kombucha para fortalecer las bacterias buenas (lactobacilos) de tu microbiota.
- Reduce los azúcares refinados. El exceso de azúcar en la dieta altera la glucosa corporal y propicia infecciones por hongos como la candidiasis.
- Toma probióticos si usas antibióticos. Los antibióticos destruyen la flora vaginal. Consúltale a tu médico o farmacéutico si necesitas un suplemento específico durante el tratamiento.
La relación entre microbiota vaginal y bienestar íntimo
La microbiota vaginal, el conjunto de microorganismos que habitan de manera natural en la vagina, es el pilar fundamental del bienestar íntimo. Funciona como un escudo biológico dinámico: cuando este ecosistema está equilibrado, la zona íntima permanece libre de molestias, picores e infecciones,
Equilibrio de la microbiota y protección natural
Aproximadamente el 90% al 95% de una microbiota sana está compuesta por bacterias del género lactobacillus, destacando cepas protectoras como L. crispatus, L. gasseri o L. jensenii.
Su misión protectora se ejecuta mediante tres mecanismos clave:
- Producción de ácido láctico: Metabolizan el glucógeno celular para mantener el pH vaginal en un rango ácido de 3.8 a 4.5. Este entorno impide por completo la proliferación de patógenos.
- Efecto antimicrobiano: Secretan peróxido de hidrógeno y bacteriocinas, sustancias que actúan como «antibióticos naturales» frente a microorganismos oportunistas.
- Bloqueo físico: Se adhieren fuertemente a las paredes del epitelio vaginal, impidiendo físicamente que bacterias dañinas u hongos encuentren un lugar donde asentarse.
Cuando los niveles de lactobacilos disminuyen drásticamente, el pH se eleva y se produce una disbiosis vaginal. Esto rompe el confort íntimo y desencadena patologías comunes:
- Vaginosis bacteriana: Ocurre cuando bacterias anaerobias como la Gardnerella vaginalis aprovechan la falta de acidez para multiplicarse sin control, generando mal olor y flujo grisáceo.
- Candidiasis: Hongos como la Candida albicans, habituales en bajas cantidades, proliferan de forma masiva provocando picor intenso y flujo espeso.
- Infecciones urinarias recurrentes: La pérdida de defensas locales facilita que bacterias intestinales migren hacia la uretra. Cuando estas bacterias alcanzan la uretra, pueden favorecer episodios de cistitis de repetición, una molestia especialmente frecuente en algunas mujeres.
Importancia de cuidar la salud íntima a largo plazo
Cuidar la salud íntima a largo plazo es una inversión crucial para la salud integral, ya que previene enfermedades reproductivas graves, protege la fertilidad futura y asegura una transición saludable hacia etapas como la menopausia. Un ecosistema vaginal descuidado o en disbiosis crónica no solo causa molestias diarias, sino que actúa como una puerta de entrada silenciosa a complicaciones médicas de gran alcance.
El mantenimiento de una microbiota vaginal dominada por lactobacilos reduce significativamente riesgos oncológicos y anatómicos a largo plazo:
- Menor riesgo de cáncer de cérvix: Una microbiota sana ayuda al sistema inmune local a eliminar el virus del Papiloma Humano (VPH).
- Freno a la Enfermedad Inflamatoria Pélvica (EIP): Las infecciones mal curadas (como la vaginosis bacteriana) pueden ascender hacia el útero y las trompas de Falopio. Esto provoca una inflamación crónica interna (EIP) que genera dolor pélvico irreversible.
- Escudo contra Infecciones de Transmisión Sexual (ITS): Un pH óptimo y una barrera epitelial intacta dificultan la entrada de patógenos como el VIH, la Clamidia o la Gonorrea.
Conclusión
La menopausia es una etapa natural en la vida de la mujer, pero los cambios hormonales que la acompañan pueden modificar de forma importante el ecosistema vaginal. La disminución de estrógenos reduce el glucógeno disponible en la mucosa, favorece la pérdida de lactobacilos y puede elevar el pH vaginal, debilitando así una de las principales barreras naturales frente a microorganismos oportunistas.
Por eso, cuidar la microbiota vaginal durante esta etapa no debe entenderse como una medida puntual, sino como parte del bienestar íntimo a largo plazo. Mantener una higiene adecuada, evitar productos agresivos, utilizar ropa transpirable, seguir una alimentación equilibrada, valorar el uso de probióticos específicos y acudir a revisión ginecológica ante síntomas como picor, sequedad, ardor, dolor en las relaciones o cambios en el flujo puede ayudar a preservar el equilibrio íntimo.
Aunque cada mujer vive la menopausia de forma diferente, prestar atención a la salud vaginal permite mejorar el confort diario, reducir molestias recurrentes y favorecer una mejor calidad de vida. Ante síntomas persistentes o cambios importantes, lo recomendable es consultar con un profesional sanitario para recibir una valoración personalizada y descartar infecciones u otras alteraciones.
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