Probióticos y sequedad vaginal

sequedad vaginal

Causas de la sequedad vaginal

La sequedad vaginal es un síntoma frecuente en las consultas médicas, tanto en la Atención Primaria de Salud como en la especialidad de Ginecología. Puede aparecer como síntoma único, o como parte de un síndrome genitourinario en el marco de las vulvovaginitis.

Cuando aparece como síntoma único puede ser debida a excesivo ejercicio físico, a una situación de estrés o depresión graves, al periodo de postparto y/o lactancia materna, o a la toma de determinados fármacos, como los que se utilizan para tratar el cáncer de mama, la endometriosis o los miomas uterinos, y en algunas mujeres, los anticonceptivos hormonales.

Es más frecuente la sequedad que forma parte de un proceso de inflamación vulvovaginal, como las vulvovaginitis infecciosas, sobre todo cuando se cronifican, y la atrofia vulvovaginal postmenopáusica.

Las pacientes refieren no tener secreciones cíclicas, las relacionadas con la ovulación y premenstruales, y sobre todo una dificultad para mantener relaciones sexuales coitales por falta de lubricación, que puede llevar a dolor franco (dispareunia), a la evitación de la actividad sexual, a la disminución del deseo sexual e incluso a conflictos de pareja.

 

Funciones de la lubricación femenina

La lubricación vaginal forma parte de la respuesta fisiológica femenina al estímulo sexual. Es un proceso hormonodependiente, como el correcto funcionamiento de la vagina, que es el órgano con mayor concentración de receptores estrogénicos del organismo. Consiste en un trasudado de plasma a través de las paredes vaginales, que requiere para su adecuada producción de un grosor adecuado de la pared, y la vasodilatación de plexo vaginal que rodea el tercio externo de la vagina. En el proceso de excitación sexual se producen además la expansión interna de la vagina y la tumefacción del clítoris.

Cuando la pared vaginal está sana y normo-funcionante (bajo el influjo estrogénico), aporta mediante exudado el glucógeno que los lactobacilos necesitan para obtener energía y producir ácido láctico. De este modo se acidifica el pH del medio, impidiendo el desarrollo de microorganismos patógenos.

Los lactobacilos tienen además otras formas de actuar, como adherirse a las paredes vaginales para evitar la colonización de los patógenos, producir sustancias microbicidas (peróxido de hidrógeno, bacteriocinas), etc.

Al disminuir el nivel hormonal en la postmenopausia, la irrigación del epitelio de la pared vaginal disminuye, reduciéndose su grosor, así como la elasticidad de la vagina y su funcionalidad. Esto conlleva un descenso de la lubricación en respuesta al estímulo sexual, que suele ser queja frecuente en las mujeres, incluso antes de que las reglas desaparezcan por completo. En algunos casos se asocia a disminución de la libido, lo cual puede ser tanto causa como consecuencia de la sequedad.

Al descender la producción de glucógeno, los lactobacilos no tienen el sustrato necesario para sobrevivir y acidificar el medio, lo cual hace que la población bacteriana de la vagina cambie y que sea más fácil la sobreinfección por microorganismos patógenos.

En la postmenopausia las mujeres tienen una población de lactobacilos mucho menor que en edad fértil, aunque algunas conservan un porcentaje aceptable, que puede aumentar con el uso de estrogenoterapia (terapia hormonal sustitutiva vía general o estrógenos locales).

Se deduce que el correcto funcionamiento de la vagina, tanto en su papel de órgano copulador, como en su papel de protector frente a infecciones, requiere de una armonía entre el trofismo (o buen estado) de sus estructuras y la existencia de lactobacilos que acidifiquen el medio.

Cuando las infecciones vulvovaginales se cronifican la pared vaginal también puede dañarse, por irritación química, por el uso frecuente de antimicrobianos, lavados vaginales, reducción de los lactobacilos (los antibióticos son deletéreos para la microbiota), etc. Las pacientes suelen quejarse igualmente de sequedad, aunque el nivel hormonal sérico corresponda a la edad fértil.

Es importante, y así lo recomiendan las guías de salud vaginal, el intentar repoblar la flora vaginal tras el tratamiento específico de las infecciones, mediante el uso de probióticos.

 

¿Cómo pueden ayudar los probióticos a la flora vaginal?

Los probióticos son productos que contienen cepas de microorganismos viables en cantidad suficiente como para producir efectos beneficiosos. Los que se utilizan en estas afecciones contienen lactobacilos que han sido aislados en la microbiota vaginal y que pueden de algún modo actuar en este medio, incrementando la población y los mecanismos de defensa. De este modo contribuyen a disminuir las recidivas de las infecciones y a reestablecer el correcto funcionamiento de la vagina.

Se pueden utilizar vía oral y/o vaginal. Entre los más utilizados están los probióticos que contienen Lactobacillus rhamnosus y/o Lactobacillus gasseri. Son numerosos los estudios que han probado su eficacia, por lo cual existe una franca tendencia a generalizar su uso como coadyuvante en las vulvovaginitis, sobre todo en las infecciosas.

Lactoflora protector íntimo probióticos

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Ana Rosa Jurado

Ana Rosa Jurado

Doctora en Medicina y Sexóloga
Directora del Instituto Europeo de Sexología, Marbella. Secretaria del Grupo de Trabajo de Sexología de SEMERGEN. Miembro de la Academia Española de Sexología y Medicina Sexual.

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