Esteatosis hepática o hígado graso

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¿Qué es la esteatosis hepática?

La esteatosis hepática, conocida también como hígado graso, consiste en la acumulación de un tipo de grasas o lípidos (los triglicéridos) en el hígado. Como consecuencia de este acúmulo de grasa, el hígado aumenta de tamaño y aparecen gotas de grasa distribuidas por todo el órgano.

De hecho, la esteatosis hepática es la causa de enfermedad hepática más frecuente en los países desarrollados y se estima que afecta hasta un 30% de la población.

El consumo crónico de alcohol es uno de los principales motivos de la esteatosis hepática. Es importante aclarar que el vino y la cerveza también se consideran bebidas alcohólicas y, por lo tanto, su consumo no es saludable para el hígado, incluso en dosis bajas o moderadas (por ejemplo, una bebida estándar diaria).

Sin embargo, cada vez es más frecuente la esteatosis hepática no alcohólica secundaria al sobrepeso y el síndrome metabólico. Se presenta también en los niños, sobre todo los que tienen obesidad. En este caso la inflamación del hígado no está relacionada con el consumo de alcohol porque se puede manifestar en personas abstemias o que toman alcohol de forma esporádica.

Además del sobrepeso y la obesidad, otros factores de riesgo del hígado graso son la diabetes tipo 2, tener unos niveles de triglicéridos altos en sangre, tener divertículos en el intestino, la hepatitis C, algunas enfermedades autoinmunes como el hipotiroidismo y determinados fármacos.

Cada vez hay más pruebas científicas que apoyan la implicación del sistema inmunitario, las alteraciones de la flora intestinal y la permeabilidad intestinal en el inicio y el desarrollo del hígado graso.

El aumento de la permeabilidad del intestino y el sobrecrecimiento bacteriano provocarían el paso de bacterias hacia la sangre que después llegarían al hígado donde desencadenarían una inflamación y un aumento de la resistencia a la insulina.

Prueba de la estrecha relación que existe entre el hígado, la flora intestinal y la salud gastrointestinal es la fermentación de los carbohidratos de la dieta a alcohol por un sobrecrecimiento de algunas bacterias y levaduras del intestino (especies de Candida, Saccharomyces cerevisiae y Klebsiella pneumoniae, entre otros). Es lo que se conoce como “síndrome de fermentación intestinal” y se puede producir tras recibir un tratamiento antibiótico.

Síntomas de la esteatosis hepática

En 3 de cada 10 personas con hígado graso la enfermedad no se acompaña de signos ni síntomas. En estos casos, el médico la detecta mediante una analítica de sangre en la que las transaminasas salen alteradas o bien a través de palpar un aumento del tamaño del hígado.

Otras veces, el hígado graso se manifiesta con síntomas inespecíficos que incluyen un dolor o molestia abdominal constante en la parte superior derecha del abdomen, pérdida de apetito, vómitos, diarrea, pérdida de peso y sensación de cansancio generalizada (fatiga).

Los síntomas avanzados de hígado graso no alcohólico incluyen hinchazón abdominal, unos vasos sanguíneos agrandados debajo de la superficie de la piel y un color amarillento en la piel y en los ojos.

Si la causa del hígado graso es el alcoholismo crónico, es habitual que la persona presente un rostro hinchado y enrojecido, un aliento con un intenso olor a etanol, un aumento de las glándulas parotídeas (se encuentran en el cuello detrás de la glándula tiroidea) y un aumento del perímetro abdominal.

Aunque en la mayoría de las personas la esteatosis hepática se puede revertir con un adecuado tratamiento dietético y farmacológico, puede progresar hasta una cirrosis y un cáncer de hígado si no se consigue controlar. En los países occidentales el hígado graso no alcohólico es la primera causa de trasplante hepático.

En los casos más graves de hígado graso la persona puede desarrollar una insuficiencia hepática acompañada de una acumulación de líquido en la zona del abdomen (ascitis). Si no se revierte mediante tratamiento dietético y farmacológico puede complicarse a cáncer de hígado, cirrosis y hepatitis fulminante.

Cómo limpiar el hígado graso

Un hígado dañado y sobrecargado de grasa está incapacitado para cumplir todas sus funciones metabólicas de elaboración de proteínas y grasas a partir de los azúcares y su función de detoxificación, lo que se traduce en una afectación de todo el organismo.

El tratamiento de la esteatosis hepática inicial consiste en eliminar la causa que ha producido la inflamación del hígado. Hay que evitar los enemigos de la salud del hígado y perder peso para conseguir reducir la acumulación de grasa en el hígado y normalizar los niveles altos de transaminasas en la sangre.

Mientras que una dieta equilibrada y un correcto peso corporal son dos factores que protegen al hígado, estos son los enemigos del hígado que tienes que evitar tal y como explica Mª José Rosselló en su recomendable libro “La importancia de comer sano y saludable”:

  • Las bebidas alcohólicas: el alcohol se metaboliza mayoritariamente en el hígado y cada persona va a tener una mayor o menor tolerancia al alcohol en función de su genética. Otros factores que influyen en la tolerancia al alcohol son el sexo (las mujeres toleran peor el alcohol que los hombres) y el peso corporal (a más peso, mayor es la tolerancia al alcohol).
  • El abuso de grasas y colesterol: una alimentación con un alto contenido de grasa supone un enorme trabajo para tu hígado porque este tiene que elaborar más bilis para digerir la grasa. Además, un alto consumo de alimentos ricos en colesterol (está presente en todos los alimentos de origen animal) contribuye a un mayor riesgo de cálculos en la vesícula biliar. Estos cálculos se reducen controlando el colesterol de la dieta y aumentando el consumo de fibra soluble.
  • El abuso de azúcares: una vez el hígado ha almacenado los azúcares de la dieta en forma de glucógeno (reserva de glucosa), el exceso restante de azúcares se transforma en grasa. Es por este motivo que para una buena salud del hígado no conviene abusar de los azúcares de absorción rápida, que se encuentran en el azúcar blanco de mesa, en la repostería industrial y casera y también en alimentos tan saludables como la fruta y la leche.
  • Una dieta pobre en proteínas: un aporte deficitario de proteínas en tu alimentación puede hacer que tu organismo movilice las proteínas de la masa muscular y esto da lugar a una sobrecarga metabólica del hígado, lo que implica que las reacciones de detoxificación del hígado no se lleven a cabo con normalidad.
  • Una dieta pobre en carbohidratos complejos: si el hígado no recibe la dosis que necesita de carbohidratos complejos (legumbres, tubérculos y cereales integrales), va a fabricar cuerpos cetónicos que tienen efectos secundarios a nivel gastrointestinal como estreñimiento, vómitos y dolor abdominal y reducen las bifidobacterias beneficiosas de la flora intestinal.

Si la esteatosis hepática se debe a una determinada enfermedad o medicamento, el médico te recomendará tener un buen control de la enfermedad y evitar la exposición a los medicamentos que no le van bien a tu hígado.

En algunos casos puede ser necesario el tratamiento con medicamentos para evitar la progresión del hígado graso.

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Las dietas desintoxicantes a base de batidos verdes que circulan por internet no son una buena idea para limpiar tu hígado y forman parte de los 13 riesgos emergentes en alimentación según la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA). Esto se debe a que tu cuerpo ya está perfectamente diseñado para compensar las pérdidas de nutrientes y favorecer la eliminación de las sustancias de deshecho que no necesita gracias al hígado y al riñón.

Las dietas détox y los batidos verdes no solo no funcionan, sino que los beneficios que prometen se sustentan solo en estudios con ratones y pueden conllevar riesgos para tu salud:

  • Aumentan el riesgo de cálculos renales debido al concentrado de ácido oxálico que ingieres en cada zumo o batido verde.
  • Favorecen el sobrepeso que a su vez empeora el hígado graso. Esto es debido a que para enmascarar el sabor concentrado de los zumos y batidos se recurre a añadir un zumo de frutas con un alto contenido en azúcares.
  • Desplazan el consumo de alimentos saludables (cereales integrales, carne, pescado y huevos) que deberían formar parte de tu alimentación habitual.

Lo que sí se aconseja es seguir una dieta saludable de forma continuada que priorice los alimentos de origen vegetal (hortalizas, verduras, legumbres, frutos secos y granos enteros) frente a los de origen animal y evite los enemigos de tu hígado (el alcohol, el abuso de grasas y de los alimentos ricos en colesterol, el abuso de azúcares de absorción rápida y una dieta pobre en proteínas y en hidratos de carbono).

Debido a que el hígado graso puede acompañarse de una composición alterada de la flora intestinal y de la permeabilidad intestinal, los probióticos son un tratamiento complementario a la pérdida de peso y el ejercicio físico. Además, los probióticos no tienen los efectos adversos y las interacciones que presenta alguna medicación.

Tratamiento de la esteatosis hepática y probióticos

Los probióticos pueden modificar la flora intestinal de las personas con esteatosis hepática a través de influir sobre el eje intestino-hígado, reforzar el sistema inmunitario y mejorar tanto los parámetros analíticos (transaminasas y marcadores de oxidación) como los síntomas de la enfermedad. Otras veces los probióticos actúan desplazando a los microorganismos patógenos para evitar que den lugar a una infección, reduciendo la inflamación local y sistémica y reforzando la barrera intestinal.

Diferentes estudios experimentales (en ratones) y en personas con hígado graso no alcohólico han encontrado que los principales efectos protectores de los probióticos en la esteatosis hepática se basan en:

  • Disminuir el daño directo sobre el hígado que ejercen los contaminantes ambientales y las grasas de la dieta.
  • Disminuir los niveles en sangre de transaminasas. Son enzimas localizadas en el interior de las células del hígado que cuando se liberan y se detectan en sangre significa que se ha producido una lesión de las células. Las transaminasas más importantes son la alanina aminotransferasa (ALT o GPT) y la aspartato aminotransferasa (AST o GOT).
  • Reducir el daño oxidativo que participa en la resistencia a la insulina que se observa en el hígado graso.
  • Disminuir los niveles altos de colesterol total en sangre a través de actuar sobre el metabolismo de las sales biliares implicadas en la digestión de las grasas de la dieta, aumentar la excreción del colesterol por vía fecal y secuestrar el colesterol y evitar así su absorción en tu intestino.
  • Mejorar la respuesta inflamatoria a través de reducir las proteínas inflamatorias (proteína C-reactiva, factores del complemento C3 y C4, citoquinas pro-inflamatorias IL-1, IL-6 y factor de necrosis tumoral alfa) que se elevan en respuesta a los infiltrados de grasa en el hígado.

Los estudios que han encontrado un efecto protector de los probióticos y los prebióticos para el hígado graso han utilizado diferentes cepas, dosis y duración de tratamiento. Esto significa que el empleo de los probióticos para mejorar la salud del hígado se debe valorar de forma personalizada y considerando el beneficio/riesgo para cada persona.

Veamos lo que nos dicen los últimos estudios en humanos.

Algunos estudios han encontrado que los probióticos pueden ser efectivos cuando se administran junto a fibras prebióticas para mejorar algunas de las complicaciones de la esteatosis hepática a través de actuar sobre la flora intestinal y reforzar la barrera intestinal que bloquea el paso de las bacterias de la luz digestiva a la sangre.

En pacientes sometidos a trasplante de hígado (es una de las consecuencias más habituales del hígado graso en occidente), la suplementación con probióticos y prebióticos disminuyó el riesgo de infecciones bacterianas, una complicación que compromete la supervivencia de los pacientes con enfermedad hepática.

Además de estos estudios aislados, una revisión sistemática reciente de 28 ensayos clínicos encontró que los probióticos mejoraban la resistencia a la insulina de forma significativa. En paralelo, los probióticos también actuaron mejorando los niveles de transaminasas, colesterol y triglicéridos frente al placebo.

Prueba del efecto beneficioso de los probióticos y los prebióticos para la salud hepática es que la última edición del 2017 de la guía clínica de la Organización Mundial de Gastroenterología los ha incluido como apoyo terapéutico de la esteatosis hepática no alcohólica en niños y adultos.

Uno de los mecanismos que utilizan los probióticos para mitigar el hígado graso es la reducción de los parámetros inflamatorios como el factor de necrosis tumoral alfa, que aumenta en sangre debido a una activación de la respuesta inmune innata. Este es precisamente uno de los mecanismos que utilizan las cepas de:

  • Lactobacillus plantarum CECT 7315 y 7316 del probiótico Lactoflora® protector inmunitario para mejorar tu estado nutricional, fortalecer tu sistema inmunitario y reducir la fragilidad unida al envejecimiento (estudio; estudio; estudio).
  • paracasei Lpc-37®, Bifidobacterium lactis BI-04®, B. lactis Bi-07® y L. acidophilus NCFM® (Howaru® Restore) del probióticos Lactoflora protector intestinal niños y adultos para estabilizar tu flora intestinal cuando está alterada y mejorar la sintomatología digestiva (estudio).

La reducción de la inflamación por estas cepas probióticas se traduce en un aumento de tu respuesta inmune a nivel global de tu organismo y la prevención de las infecciones que tan frecuentes son en los pacientes con hígado graso.

Conclusión

La esteatosis hepática o hígado graso es la acumulación de grasas en forma de triglicéridos en el hígado. Se produce tras un consumo crónico de alcohol, pero cada vez más aparece en personas abstemias o con un bajo consumo de alcohol con obesidad y diabetes.

La dieta y el estilo de vida son los pilares fundamentales para tratar el hígado graso. Para limpiar el hígado graso tienes que evitar los enemigos de la salud del hígado (el alcohol, el abuso de grasas y de los alimentos ricos en colesterol, el abuso de azúcares de absorción rápida y una dieta pobre en proteínas y en hidratos de carbono) y perder peso.

Cada vez hay más pruebas científicas que apoyan la implicación del sistema inmunitario, las alteraciones de la flora intestinal y la permeabilidad intestinal en el inicio y el desarrollo del hígado graso.

Los probióticos y los prebióticos pueden complementar el tratamiento de la esteatosis hepática no alcohólica en niños y adultos gracias a reforzar el sistema inmunitario, disminuir la respuesta inflamatoria del hígado graso y restablecer la flora intestinal.

Referencias:

 

 

 

 

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Farmacéutico y dietista-nutricionista especializado en comunicación del sector salud. Redactor médico y consultor de comunicación en salud para empresas e instituciones del sector de la salud y la investigación biomédica. Compagina la actividad de consultoría con la docencia como profesor de másteres y formación continua en la Universidad de Barcelona, la Universidad Ramon Llull y la Universidad Isabel I.
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