La curiosa historia de los probióticos

historia de los probioticos

Origen de los probióticos

El profesor de Pediatría de Viena Theodor Escherich (Ansbach, Baviera 1857 – Viena 1911) comenzó a estudiar en 1884 las heces de lactantes en el Instituto Patológico de Viena, descubriendo dos bacterias: una que denominó Bacterium coli commune (actual Escherichia coli) y otra que designó como Bacterium lactis aërogenes (actualmente Klebsiella pneumoniae). Por aquel entonces el científico ruso de origen judío Iliá o Élie Métchnikoff (Ivanovka, Ucrania 1845-París 1916), que había estudiado en la Facultad de Ciencias Naturales de Kharkoff y que fue profesor de zoología en la Universidad de Odessa y San Petersburgo, llevaba 2 años en Mesina, tras haberse exiliado con su segunda esposa (la primera falleció de tuberculosis) por problemas políticos tras la muerte violenta del zar Alejandro II.

 

El descubrimiento de los fagocitos

En la ciudad siciliana Métchnikoff descubrió de forma causal unas células que eliminaban partículas extrañas de los tejidos de los invertebrados, mientras observaba al microscopio el modo que tienen los esporangios y las estrellas de mar de hacer la digestión. Introdujo algunas partículas de carmín en la larva de una estrella de mar y comprobó que unas células errantes fluían hacia las mismas. También clavó espinas de rosal en larvas de estrellas de mar y observó la acumulación de células móviles en torno a aquéllas, que englobaban los cuerpos extraños mediante expansiones citoplasmáticas. Entusiasmado con su hallazgo las denominó fagocitos y al fenómeno observado fagocitosis, trasladándose a la Universidad de Viena para continuar sus investigaciones, recalando posteriormente en París, para trabajar en el Instituto Pasteur. Tras fallecer Louis Pasteur la institución pasó a ser dirigida por Métchnikoff.

 

Los lactobacilos para una flora intestinal saludable

En 1873 hizo dos largos viajes por las estepas de Astrakan y Stavropol, donde se encontró con grupos humanos que presentaban ciertas peculiaridades, lo que atribuyó a su hábito de beber leche fermentada. A medida que fue envejeciendo se interesó por los mecanismos que conducen a la senilidad, acuñando el término Gerontología. Observó que en Bulgaria había numerosas personas que vivían en algunas aldeas llegando a los 100 años de edad, y lo relacionó con una alimentación basada en el gran consumo de bacterias que contiene la leche fermentada que consumían, que se obtenía por la acción de un microorganismo productor de lactato descubierto en 1905 por el búlgaro Stamen Grigorov, el Lactobacillus bulgaricus bacillus (actualmente Lactobacillus delbrueckii subsp. Bulgaricus).

Sostuvo que <<La autointoxicación, el envenenamiento debido a los indómitos bacilos de la putrefacción que hay en el intestino grueso, es, con toda seguridad, una de las causas del endurecimiento de las arterias, la causa de que envejezcamos tan rápidamente>>. Sugirió que el envejecimiento podría retrasarse modificando la conocida entonces como flora intestinal (actual microbiota) mediante el empleo de microbios útiles para sustituir a los que tienen acción proteolítica como el Clostridium, que a su vez producen sustancias tóxicas causadas por la digestión de proteínas (fenoles, indoles, amoníaco). El científico ucraniano fue el primero en sugerir que sería posible modificar la flora intestinal sustituyendo a los microorganismos dañinos por otros no patógenos. Afirmó a este respecto que: «La dependencia de los microorganismos intestinales con respecto a los alimentos hace posible adoptar medidas para modificar la flora de nuestro organismo y sustituir los microbios nocivos por microbios útiles».

Métchnikoff prosiguió sus investigaciones y concluyó que en la leche fermentada que se consumía en Bulgaria había, además del referido Lactobacillus bulgaricus, Estreptococo thermophilus. Usó cultivos de ambas bacterias para elaborar un tipo de leche ácida fermentada que comercializó en París a principios del siglo XX, cuyo consumo diario recomendaba. En una conferencia que pronunció el 3 de octubre de 1901, afirmó: <<tan pronto como nace, el hombre se convierte en el hábitat de una rica microflora. La piel, las membranas mucosas y el contenido gastrointestinal se pueblan de la tal flora, aunque hasta la fecha sólo se hayan reconocido o descrito un número muy pequeño de estos microorganismos (…). Durante mucho tiempo hemos pensado que en individuos sanos todos estos microorganismos eran inofensivos y, algunas veces incluso útiles.>>. Otra de sus célebres sentencias es: <<Somos tan viejos como nuestros intestinos>>.

Sus investigaciones le valieron a Métchnikov el premio Nobel de Medicina en el año 1908, que compartió con el bacteriólogo alemán Paul Ehrlich (Strehlen 1854- Bad Homburg 1915), descubridor del primer agente terapéutico eficaz para combatir la sífilis, el salvarsán. La vida del científico ruso no había sido fácil, pues sufrió baches depresivos y tuvo dos tentativas de suicidio. La primera durante su estancia en la Universidad de San Petersburgo, pues carecía de medios económicos y de laboratorio para investigar. La segunda ocurrió cuando su primera esposa murió en 1873, a consecuencia de la tuberculosis. Entonces Metchnikoff ingirió una fuerte dosis de opio.

 

BIBLIOGRAFIA

. Anónimo. Premios Nobel de Medicina. Ancora, S.A. Barcelona, 1993.

.Rodríguez JM. Historia de los probióticos. En: Alvarez G,Marcos A, Margolles A (eds), Probióticos, prebióticos y salud: Evidencia científica. Capítulo 12. 91-98.Sociedad Española de probióticos y prebióticos. Ergon. Majadahonda (Madrid), 2016.

Internet:

http://www.historiadelamedicina.org/metchnikoff.html

Lactoflora y probióticos

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Roberto Pelta

Roberto Pelta

Doctor Adjunto del Servicio de Alergología en Hospital General Universitario Gregorio Marañón
Doctor en Medicina. Médico Adjunto del Servicio de Alergología del Hospital General Universitario Gregorio Marañón de Madrid.
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