Flora saprófita, nuestras compañeras desconocidas

flora saprofita

¿Qué es la flora saprófita y cuál es su función?

Seguro que cada vez que escuchas o lees la palabra “microbio” o “microorganismo” te viene a la cabeza un patógeno que puede representar una amenaza para tu salud.

Tendemos a ver los microorganismos como una cosa negativa. Pero a pesar de que hay algunos microorganismos que están detrás de las enfermedades infecciosas, como por ejemplo el nuevo coronavirus responsable de la COVID-19, la mayoría de microorganismos que nos rodean y viven en nuestros intestinos son beneficiosos tanto para nosotros como para la salud del planeta.

Esto significa que las personas convivimos en armonía con los microorganismos que se encuentran en ciertas partes de nuestro cuerpo y se conocen como flora saprófita. Hoy en día los científicos emplean el término microbiota o microbioma como sinónimo de flora saprófita, porque este último es confuso ya que puede inducir a pensar que las bacterias son plantas.

De hecho, los científicos consideran que el intestino grueso es uno de los ecosistemas más densamente poblados de la Tierra. La flora saprófita que habita en los intestinos o flora intestinal ha sido una de las más estudiadas e incluye:

  • Especies estables que nos acompañan desde el nacimiento y que adquirimos durante los 3 primeros años de vida.
  • Una comunidad variable de bacterias que adquirimos cada día a través de la respiración y de los alimentos y las bebidas.

Esta flora saprófita es un enorme ecosistema en sí mismo que se adapta a lo largo de la vida. La alimentación es el principal factor que contribuye a moldear la flora saprófita, superando incluso a nuestra genética, así que nunca es tarde para empezar a cuidar lo que comes. ¡No eres lo que comes sino lo que tu flora saprófita hace con lo que comes!

Una prueba de la relevancia de la flora saprófita para tu salud y bienestar es el hecho de que las células de la flora saprófita se encuentran en números parecidos a nuestras células: por cada célula de flora saprófita hay una célula humana. Mientras que el genoma humano consiste en alrededor de 23.000 genes, la flora saprófita tiene asociados hasta tres millones de genes que llevan a cabo muchas funciones que nosotros solos no somos capaces de realizar.

No somos solo humanos y a la combinación resultante entre la parte de nuestro cuerpo humana y la otra parte microbiana se le conoce como “superorganismo”.

La flora saprófita es esencial para nuestra vida, hasta el punto de que es complicado sentirse lleno de energía y tener un buen estado de salud en su ausencia. Y es precisamente la indispensabilidad de la flora saprófita junto con su baja capacidad de hacernos daño lo que la ha hecho pasar desapercibida durante muchos años.

Los mamíferos que han crecido sin tener contacto con la flora saprófita tienen alteraciones de sus funciones digestivas (atrofia de las vellosidades del intestino a través de las que se absorben los nutrientes), un enlentecimiento del metabolismo de los órganos, niveles más altos de colesterol en sangre y un sistema inmune inmaduro.

En la relación de simbiosis que mantenemos con nuestra flora saprófita salimos ganando las dos partes: nosotros le proporcionamos cobijo y la comida que necesita en forma de fibras prebióticas y ella nos ayuda en diferentes funciones.

¿Qué es la flora saprófita?

Las funciones de la flora saprófita incluyen:

  • Aprovechamiento de nutrientes que no podemos digerir y síntesis de nutrientes esenciales: la flora saprófita metaboliza la fibra y los polifenoles de los alimentos de origen vegetal y como resultado nos proporciona una infinidad de sustancias, como los ácidos grasos de cadena corta implicados en una buena salud digestiva y extradigestiva. A su vez, la flora saprófita produce vitaminas (K, B12 y ácido fólico) y aminoácidos esenciales.
  • Función barrera frente al ataque de patógenos: la flora saprófita impide que los microorganismos patógenos del medioambiente se instalen y proliferen en nuestra piel e intestinos. Para ello, la flora saprófita produce sustancias (como las bacteriocinas o el ácido láctico) que directamente bloquean a los patógenos y actúa desplazándolos para impedir que colonicen nuestras mucosas.
  • Desarrollo y maduración del sistema inmunitario: desde que somos pequeños la flora intestinal se especializa en entrenar a las células del sistema inmunitario que recubren por dentro todo el intestino para que estén preparadas para defendernos de los patógenos y a la vez no reaccionen frente a los alimentos o nuestras propias células. A su vez, la flora intestinal refuerza la integridad de la barrera intestinal, evitando así el paso de microorganismos patógenos desde la luz intestinal hasta la sangre.
  • Mejora de la salud mental: la flora intestinal se comunica con el cerebro e influye en su adecuado funcionamiento. Además, se ha estudiado que la flora intestinal puede influir en el desarrollo de enfermedades que aparentemente no guardan relación con el intestino, incluyendo los trastornos psiquiátricos y neurológicos, como la ansiedad y la depresión, y los trastornos del comportamiento como el autismo.

Debido a todas las funciones esenciales que realiza la flora saprófita, los médicos la consideran como el “gran órgano olvidado”, que se podría comparar de forma análoga a cualquier otro órgano del cuerpo.

Coprocultivo para analizar la flora saprófita

La flora saprófita se puede estudiar directamente cogiendo una muestra de biopsia del intestino o bien a través de examinar las heces. A pesar de que la flora saprófita en contacto con la mucosa que tapiza el intestino es la que nos proporciona una información más fiable de cómo está la flora intestinal en conjunto, no se suele recurrir a ella.

Así que en su lugar se recurre a la flora saprófita de las heces que es más fácil de obtener. Está formada por especies variables, es transitoria y no tiene un patrón tan organizado en comparación con la flora saprófita de la mucosa.

El coprocultivo o cultivo de heces es un examen de laboratorio para encontrar microorganismos en las heces que pueden causar síntomas gastrointestinales. Se suele solicitar cuando una persona tiene diarrea de varios días de evolución y cuando se observa sangre o moco en las heces.

En el coprocultivo de heces se aisla flora saprófita del tracto digestivo. Nos permite tener una fotografía con nombres y apellidos de los microorganismos que se encuentran en las heces de una persona, que no dejan de ser un reflejo de su flora intestinal.

Para realizar un coprocultivo se parte de una muestra de heces frescas recolectadas de forma adecuada en un recipiente limpio. Para que no se contamine la muestra, las heces se deben recoger siguiendo el protocolo que describe el proveedor en el envase y no se puede mezclar con orina, agua o papel higiénico. A continuación, se debe devolver la muestra al laboratorio lo más pronto posible para evitar que se altere la flora saprófita.

Una vez la muestra llega al laboratorio, este la va a analizar poniendo en contacto las heces con un gel que estimula la proliferación de los microorganismos y permite identificar las bacterias o parásitos que pueden estar implicados en la enfermedad digestiva.

El coprocultivo puede ser útil para:

  • Conocer las bacterias patógenas que pueden estar implicadas en una gastroenteritis aguda bacteriana, como la intoxicación alimentaria por salmonella, Campylobacter y Echerichia coli.
  • Detectar parasitosis intestinales, como la giardiasis, que pueden producir cuadros diarreicos de larga duración y es una causa de sobrecrecimiento bacteriano o SIBO que es frecuente en personas con síndrome del intestino irritable.
  • Estudio de diarrea por Clostridioides difficile: las personas de edad avanzada (a partir de los 65 años), con tratamiento antibiótico, hospitalizadas de forma prolongada, con alguna enfermedad grave de base o con el sistema inmunitario débil son candidatas a desarrollar diarrea por C. difficile. Si una persona presenta diarrea o deposiciones acuosas para confirmar el diagnóstico su médico le puede solicitar la detección de las toxinas producidas por la bacteria C. difficile en una muestra de heces.
  • Recientemente se han empezado a utilizar los perfiles microbianos de las heces como una herramienta para predecir el riesgo de cáncer colorrectal.

Factores que alteran la flora saprófita

En la edad adulta, los principales factores que pueden alterar la composición o las funciones de la flora saprófita intestinal son una mala alimentación, las enfermedades digestivas, metabólicas e inmunitarias y los medicamentos.

  • Una alimentación alta en proteínas (especialmente de origen animal) y grasas saturadas y pobre en fibra vegetal se relaciona con una flora saprófita con un bajo número de microorganismos y una menor diversidad de especies microbianas y un mayor riesgo de obesidad y depresión. En cambio, las dietas ricas en grasas omega-3 (presentes en el pescado azul, las nueces, la soja y las semillas de lino), omega-6 (los encuentras en grandes cantidades en alimentos vegetales como las legumbres, los frutos secos y los aceites de semillas) y omega-9 (abundante sobre todo en el aceite de oliva) no afectan de forma negativa a la flora saprófita intestinal.
  • Más allá de las enfermedades digestivas, cada vez hay más datos que nos indican las consecuencias negativas de las enfermedades metabólicas e inmunitarias sobre la flora saprófita. Aunque en la mayoría de los casos aún no sabemos si las alteraciones en la flora saprófita son la causa o la consecuencia de la enfermedad, lo que está claro es que lo que pasa en tu intestino no se queda allí, sino que tu salud intestinal está conectada con todo lo que sucede en tu cuerpo.
  • Los medicamentos tienen un enorme impacto sobre tu flora saprófita intestinal: en algunos casos los cambios que se producen en la flora saprófita son positivos porque permiten explicar las propiedades terapéuticas de los medicamentos, como es el caso de la metformina para tratar la diabetes tipo 2. Sin embargo, la mayoría de las veces los medicamentos tienen un efecto negativo sobre la flora saprófita intestinal. Este es el caso de los antibióticos y de muchos otros medicamentos que se suelen emplear de forma crónica, como los protectores gástricos (familia del omeprazol), los laxantes, los anticonceptivos orales, los ansiolíticos y los antidepresivos. Esto significa que muchos medicamentos de uso común pueden modificar la flora saprófita intestinal, dando lugar a un aumento de la resistencia microbiana frente a un amplio número de medicamentos más allá de los antibióticos.

Los antibióticos bajan las defensas

Los antibióticos son uno de los medicamentos con un mayor impacto negativo sobre la flora saprófita intestinal que se observa tras las primeras 24 horas de haber empezado el tratamiento. Sin embargo, su empleo no para de aumentar y en los países desarrollados la mitad de las recetas de antibióticos se consideran inadecuadas.

El efecto devastador de los antibióticos sobre tu intestino se relaciona a corto plazo con una reducción de la diversidad de las especies de la flora intestinal, incluyendo la pérdida de bacterias esenciales para nuestra salud que después es posible que no recuperemos. Esta reducción de la diversidad microbiana se acompaña de un aumento de bacterias patógenas como las enterobacterias y C. difficile y resistentes y una disminución de las bifidobacterias y las especies productoras de butirato.

Esta disminución en la diversidad microbiana tiene como consecuencias una pérdida de funciones de la flora intestinal, un aumento de la susceptibilidad frente a infecciones por patógenos y un aumento del desarrollo de la resistencia bacteriana a los antibióticos. A efectos prácticos estos efectos negativos de los antibióticos sobre tu flora saprófita intestinal se traducen en una aparición de diarrea que se manifiesta hasta en un 25% de los pacientes que aparece durante el tratamiento antibiótico y hasta las 8 semanas después de haber finalizado el tratamiento. En algunos casos la diarrea asociada a antibióticos puede evolucionar a formas severas, como la diarrea causada por C. difficile.   

Además, a largo plazo los antibióticos tienen muchos otros efectos colaterales. Estos incluyen el desarrollo de resistencias (cada vez los antibióticos son menos efectivos a la hora de combatir las infecciones), el aumento de las alergias porque los antibióticos hacen que nuestro sistema inmunitario sea más débil y la aparición de enfermedades inflamatorias como la obesidad, las enfermedades autoinmunitarias (diabetes tipo 1, esclerosis múltiple, tiroiditis de Hashimoto) y los trastornos neurodegenerativos.

Estos efectos negativos de los antibióticos sobre el ecosistema intestinal son más profundos en los 3-5 primeros años de vida dando lugar a un retraso en la maduración del sistema inmunitario y, en consiguiente, un mayor riesgo de obesidad, asma, alergia y enfermedad inflamatoria intestinal en la edad adulta. Por ejemplo, las posibilidades de desarrollar enfermedad de Crohn o colitis ulcerosa es superior en los niños que han recibido hasta 7 tandas de antibióticos en los 3 primeros meses de vida.

 Cómo equilibrar la flora saprófita

En aquellas situaciones en las que, ya sea por una mala alimentación o por un tratamiento antibiótico, el equilibrio de la flora saprófita intestinal se haya alterado conviene repoblar el intestino con bacterias beneficiosas y fortalecer el desarrollo de las que ya habitaban allí antes de empezar el tratamiento.

Para equilibrar la flora saprófita intestinal existen dos estrategias:

  • Aumentar la llegada en el intestino de las bacterias beneficiosas probióticas para que desplacen a los patógenos: los probióticos son microorganismos vivos que, administrados en cantidades adecuadas, producen un beneficio en la salud de la persona que los consume. Las propiedades saludables no son las mismas para todos los probióticos, así que para equilibrar tu flora intestinal y regenerarla tras una agresión externa (enfermedad digestiva, tratamiento antibiótico, mala alimentación) escoge solo aquellos probióticos que tengan estudios en humanos que avalen su indicación y tengan un buen perfil de seguridad y tolerancia.

Las cepas probióticas de Lactobacillus plantarum CECT 7315 y 7316 han resultado ser efectivas para aumentar la respuesta de tu sistema inmunitario frente a los microorganismos patógenos. Esto lo consiguen a través de estimular la secreción de los anticuerpos IgA (inmunoglobulina A), fortalecer la barrera intestinal, inhibir el crecimiento de los microorganismos patógenos y tener una acción antiinflamatoria a nivel del sistema inmunitario de tu intestino y sistémico. Como resultado consigues recuperarte antes de los estados gripales y los periodos de sobreesfuerzo, cansancio y fatiga.

Tu sistema inmunitario también se encuentra debilitado tras un tratamiento antibiótico o con otras medicaciones de larga duración. En este sentido, ciertos probióticos como la mezcla Howaru® Restore con Bifidobacterium lactis Bi-04®, B. lactis Bi-07®, Lactobacillus acidophilus NCFM® y L. paracasei LPC-37® te ayudan a prevenir la disbiosis secundaria a tratamientos con medicación de larga duración (antibióticos, antiinflamatorios no esteroideos, antidiabéticos orales, laxantes), restauran la salud y el confort intestinal y aceleran la recuperación del ecosistema intestinal. Para reponer y estabilizar la flora intestinal en casos de disbiosis se recomienda la administración del probiótico separado como mínimo 2 horas de la toma del antibiótico y seguir tomándotelo hasta 2 semanas después de haber terminado el tratamiento antibiótico.

Además de ser efectivos a la hora de ayudarte a reforzar tu sistema inmunitario frente a las agresiones externas, mejorar los síntomas digestivos y restaurar tu flora intestinal tras un tratamiento con medicación, los probióticos de Lactoflora® han mostrado tener un buen perfil de seguridad y tolerancia, respaldado por más de 30 años de uso seguro en humanos.

  • Estimular el crecimiento y el desarrollo de tu flora saprófita intestinal: además de ingerir las bacterias beneficiosas probióticas para repoblar tu intestino (recuerda que no las podemos fabricar y necesitamos incorporarlas con la alimentación) conviene que asegures la comida favorita de tu flora intestinal, que son las fibras prebióticas. Los prebióticos se encuentran en algunos alimentos como la alcachofa, los espárragos, las cebollas y los ajos pero a dosis bajas. Para aumentar su ingesta en tu alimentación es una buena idea incorporar suplementos prebióticos o alimentos con prebióticos añadidos, que puedes identificar buscando las palabras “galactooligosacáridos”, “fructooligosacáridos”, “oligofructosa” e “inulina” en la etiqueta. Si estos prebióticos se combinan junto con uno o más probióticos y vitaminas se consigue una mejor acción.

Importancia de cuidar la flora saprófita

Los microorganismos más estudiados y que tienen un papel clave en ayudarnos a digerir y absorber los nutrientes, reforzar el sistema inmunitario, impedir el ataque de patógenos e incluso en mejorar la salud mental son los que se encuentran en nuestros intestinos.

Una de las maneras de estudiar la flora saprófita es mediante el coprocultivo, que se lleva a cabo para encontrar el origen de los síntomas gastrointestinales asociados a una disbiosis.

Para cuidar tu flora saprófita tienes dos alternativas: ingerir las bacterias beneficiosas probióticas a través de tu dieta o bien fortalecer el crecimiento y desarrollo de tu flora saprófita intestinal a través de las fibras prebióticas.

Referencias:

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Farmacéutico y dietista-nutricionista especializado en comunicación del sector salud. Redactor médico y consultor de comunicación en salud para empresas e instituciones del sector de la salud y la investigación biomédica. Compagina la actividad de consultoría con la docencia como profesor de másteres y formación continua en la Universidad de Barcelona, la Universidad Ramon Llull y la Universidad Isabel I.
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