Probióticos y salud bucal

¿Microbiota también en la boca?

Por todos es conocida la microbiota intestinal, ese conjunto de microorganismos saludables que conviven en nuestro intestino y aportan beneficios para nuestra salud: ayudan a la digestión de nutrientes y a su mejor captación, colaboran en la protección frente a patógenos y mejoran nuestra actividad defensiva, entre otras funciones.

Pero la microbiota no sólo se encuentra en el intestino, sino que se distribuye por todo nuestro organismo recubriendo nuestros conductos, cavidades y orificios hacia el exterior. Por tanto, no es de extrañar que estos microorganismos se encuentren en otras estructuras del sistema digestivo, además de en otros lugares, como estructuras del tracto genitourinario o respiratorio.

Sin embargo, es de especial importancia la microbiota que se distribuye a lo largo del tracto digestivo, ya que ésta se adapta a cada una de las diferencias espaciales y estructurales del tracto, originando un microbiota diferente en términos de cantidad y diversidad, y por tanto, aportando funciones específicas. Es decir, existe una microbiota característica en cada conducto o cavidad. Por tanto, la microbiota intestinal será diferente de la que se encuentra en el estómago, o de la que se localiza en la boca.

La boca es un lugar de entrada de posibles patógenos y por ello a este nivel se localizan todo tipo de mecanismos de defensa, entre los que se incluye el pH de la saliva, su riqueza en inmunoglobulina A o de otros componentes inmunitarios. También participará en estos procesos la microbiota bucal.

Microbiota bucal

Los microorganismos presentes en la boca (bacterias, hongos y protozoos) clásicamente se han asociado a procesos patológicos y alteraciones como por ejemplo la aparición de caries, pero en realidad, la microbiota bucal presenta funciones muy importantes en la fisiología del individuo.

La gran mayoría de bacterias que se hallan en la cavidad bucal son representantes de los grupos o filos bacterianos habituales en el organismo (Firmicutes, Bacteroidetes, Proteobacteria, Actinobacteria, Spirochaetes y Fusobacteria). Sin embargo, esta superficie es también muy rica en otros microorganismos, los hongos, de los cuales se han hallado en individuos sanos más de 100 especies diferentes y en los que destaca la especie Cándida, entre otros. Ahora bien, la cavidad bucal es muy compleja y está formada por una gran cantidad de estructuras y secreciones diferentes: saliva, lengua, dientes, paladar, etc. y esto provoca que los microorganismos no se distribuyan de manera uniforme en toda la boca sino de una forma característica en función del tejido sobre el que se encuentran.

La saliva contiene unos mil millones de bacterias por cada mililitro (109/mL) y principalmente derivan de aquellas bacterias que se desprenden de su unión al resto de estructuras de la cavidad. Por ejemplo, la boca está recubierta de toda una serie de tejidos blandos, como mejillas y paladar, con capas epiteliales que los recubren, que se desprenden con frecuencia, y por tanto también eliminan las capas de bacterias que se hayan formado sobre ellas. También se encuentra la lengua, donde hay mayor abundancia y diversidad de microorganismos, y en la que predomina la bacteria Streptococcus salivarius. No hay que olvidar la presencia de los dientes, recubiertos de placa dental, y las encías, donde también se ubican estos biofilms bacterianos recubriéndolos.

Alteraciones en el medio bucal debidas, por ejemplo, a un excesivo consumo de azúcares, pueden ser responsables de favorecer el crecimiento de determinados miembros de la microbiota bucal, que pueden ser responsables de desfavorecer la salud bucal, es decir, pueden generar un estado de disbiosis.

Así, algunos estreptococos como por ejemplo el Streptococcus mutans, debido a su capacidad de producción de ácido pueden causar caries, y algunos hongos pueden ser responsables de la aparición de aftas. Por otra parte, las bacterias presentes en el dorso de la lengua son aquellas relacionadas con un entorno de actividad más anaerobio y responsable de la halitosis (mal olor derivado de la producción bacteriana de compuestos con azufre), como es el caso de Fusobacterium nucleatum, por ejemplo. Otras afecciones como inflamación en determinadas estructuras bucales (gingivitis, periodontitis o estomatitis) también pueden estar relacionadas con un equilibrio alterado de la microbiota bucal, y donde por ejemplo Candida albicans, entre otros, puede ser responsable.

¿Probióticos para la mejora de la salud bucal?

De la misma manera que existen probióticos ‑microorganismos con actividad beneficiosa para el individuo que los consume‑ con funciones interesantes sobre alteraciones del tracto gastrointestinal como por ejemplo en el caso de las diarreas a nivel del intestino, también, podrían ser de interés en una localización más cercana a su lugar de ingestión, es decir, a nivel bucal. Por tanto, no es de extrañar que existan probióticos que permiten una mejora en la salud bucal, sobre todo en aquellos individuos que se encuentran en alguna situación que provoque un desequilibrio bacteriano y del entorno bucal, propiciando alteraciones periodontales, como en personas con estrés, fumadores o ancianos.

Los mecanismos por los cuales los probióticos pueden ser de utilidad en la salud bucal son diversos, aunque comunes a los que ejercen en otras localizaciones del cuerpo. Por un lado, es de interés su capacidad para competir por los nutrientes y adhesión a las superficies de la boca, y así evitar el crecimiento de aquellas especies promotoras de la alteración. De hecho, ciertos probióticos son capaces de formar un biofilm propio que impide el acceso del patógeno a los diferentes tejidos de la cavidad bucal. Algunos probióticos de uso en salud dental, incluso producen substancias antibacterianas específicas que afectan de forma clara a los microorganismos responsables.

Por otra parte, también es importante la capacidad que algunas cepas probióticas tienen para reestablecer la homeostasis o equilibrio típico de una situación de salud en el entorno bucal. De hecho, la mayoría de estudios donde se demuestra el potencial probiótico frente a estas alteraciones se observa en especies del género Lactobacillus, aunque también del género Streptococcus y Pediococcus. Como por ejemplo es el caso de la mezcla de L. brevis CECT 7480, L. plantarum CECT 7481 y P. acidilactici CECT 8633.

Así, existen cepas de probióticos que han demostrado su efectividad en todas las afecciones anteriormente mencionadas, y por tanto el uso de estos probióticos puede ser de utilidad tanto en casos de caries, enfermedades periododontales -como gingivitis o periodontitis-, así como en la halitosis.

Dichos probióticos se pueden hallar en el mercado, en diferentes formas farmacéuticas, todas ellas con el objetivo de liberar el probiótico en la cavidad bucal, es decir, en pastillas o tabletas para disolver, sobres con granulados, colutorios o enjuagues bucales, e incluso chicles.

Por otra parte, la inclusión de compuestos prebióticos que favorezcan el crecimiento de estas bacterias saludables, también puede ser de utilidad, por lo que su inclusión en pastas dentífricas, puede ser también una aproximación muy válida para nuestra salud bucal.

Conocer la microbiota bucal para prevenir futuras alteraciones

La microbiota bucal, puede variar en función del lugar de donde se obtiene la muestra e incluso entre individuos, a pesar de esa alta variabilidad, su análisis puede aportar indicios de una alteración presente o incipiente. Un ejemplo sería en el caso de la caries, dado que la disbiosis bucal participa del proceso de caries, no es de extrañar que conocer el estado de la microbiota permita conocer el riesgo de desarrollar una caries o de mejorar su diagnóstico.

Para ello, las estrategias actualmente en desarrollo se centran en observar el predominio de ciertas especies con potencial patogénico (por ejemplo monitorizar biomarcadores como abundancia de Streptoccus mutans) o por el contrario la abundancia de bacterias con capacidad para limitar su crecimiento, como serían los Lactobacillus. Puede ser que incluso en un periodo corto de tiempo aparezcan kits de diagnóstico de caries.

En resumen, la boca presenta, al igual que cualquier otra cavidad del individuo, microbiota recubriendo su superficie. Estos microorganismos que se hallan en diferente proporción en la saliva, en la lengua o en los dientes, tienen un papel clave en el desarrollo de alteraciones como la caries. El uso de probióticos puede ser una estrategia útil para ayudar a prevenir o modular estos procesos.

Bibliografía

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Dr. Francisco J Pérez Cano

Dr. Francisco J Pérez Cano

Profesor titular del Departamento de Bioquímica y Fisiología Facultad de Farmacia y Ciencias de la Alimentación Investigador del Instituto de Investigación en Nutrición y Seguridad Alimentaria (INSA) Universidad de Barcelona
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