Flora bacteriana: qué es, qué beneficios te proporciona y cómo cuidarla

flora bacteriana

Qué es la flora bacteriana

La flora bacteriana es la comunidad de microorganismos que conviven en un determinado hábitat

¿En qué hábitat? En cualquier parte de tu cuerpo que tenga contacto con el exterior. Esto incluye tus intestinos -es el lugar donde se encuentran con mayor proporción-, la vagina, las glándulas mamarias, la piel e incluso los pulmones. Además, vivimos rodeados de microorganismos, ya que nos acompañan desde miles de años antes de que los humanos habitáramos la Tierra.

De hecho, se estima que las primeras bacterias llegaron a la Tierra hace 4.000 millones de años.

Aunque el término flora te puede hacer pensar que estos seres vivos son plantas, esto no es así. La flora bacteriana incluye microorganismos que son unos diminutos “bichitos” que no son visibles a simple vista. Está formada por las bacterias (son las más abundantes), las arqueas (microorganismos similares a las bacterias), las levaduras y los virus (sí, no todos los virus son malos). Debido a que la flora bacteriana son microorganismos y no plantas, los científicos prefieren llamarla “microbiota” o “microbioma”.

Tipos de microorganismos en la flora bacteriana

  • Microorganismos que te proporcionan un beneficio para tu salud a cambio de que tú les proporciones cobijo (es decir, es una relación en la que las dos partes salen ganando). Son la mayoría de microorganismos de tu flora bacteriana.
  • Microorganismos que viven a sus anchas en tu cuerpo sin producirte ningún beneficio o perjuicio para tu salud.
  • Microorganismos que se aprovechan de ti y, en consecuencia, tú sales perdiendo. Esta situación no suele producirse en personas sanas. Sin embargo, tiene lugar en personas que tienen una enfermedad de base, reciben un tratamiento antibiótico o tienen un sistema inmune débil. Por ejemplo, la bacteria Clostridioides difficile forma parte de tu flora bacteriana intestinal y tras un tratamiento antibiótico se expande y puede dar lugar a un tipo de diarrea muy severa.

Veamos con detalle cómo es la flora bacteriana de las distintas partes de tu cuerpo y en qué aspectos te hace la vida más fácil.

Flora bacteriana intestinal

 La mayor comunidad de microorganismos de tu cuerpo, tanto en cantidad como en diversidad, se encuentra en tus intestinos. A pesar de que todos los tramos de tu tracto digestivo contienen bacterias, los microorganismos crecen en abundancia en tus intestinos porque es donde encuentran las mejores condiciones para sobrevivir.

En el primer tramo del aparato digestivo que va desde la boca hasta el estómago las condiciones son adversas para tu flora bacteriana: hay mucho movimiento para facilitar que los alimentos avancen y se puedan digerir, el pH es muy ácido y los jugos digestivos tienen un efecto anti-bacteriano.

Sin embargo, a medida que nos acercamos al intestino grueso, los movimientos del intestino son cada vez más lentos, hay menos oxígeno, un pH cada vez menos ácido y una mayor presencia de restos de comida (principalmente fibras vegetales) que tú no puedes aprovechar pero son el alimento preferido de tus bacterias. Todas estas condiciones son perfectas para que tu flora bacteriana se pueda desarrollar bien.

Como si se tratara de una huella dactilar, cada persona tiene un perfil único de flora bacteriana intestinal. Mientras que en el intestino delgado abundan bacterias como Lactobacillus y Enterobacteriaceae, en el intestino grueso o colon las principales bacterias son Bacteroidaceae, Prevotellaceae, Rikenellaceae, Lachnospiraceae y Ruminococcaceae.

Los factores que más influyen en la gran variabilidad que existe en la flora bacteriana de las personas son:

  • El tipo de parto: mientras que el parto vaginal favorece la adquisición de una flora bacteriana similar a la del intestino de la madre, el parto por cesárea hace que el bebé tenga una flora bacteriana similar a la del hospital y de la piel de la madre.
  • La alimentación (especialmente durante los 3 primeros años de vida, pero también en la edad adulta). En tan solo 24 horas tu alimentación puede cambiar de forma notable la composición de tu flora bacteriana del intestino.
  • Los medicamentos (principalmente los antibióticos, pero también los protectores de estómago, los tratamientos anticonceptivos, las sales de hierro, etc.).
  • El lugar donde vives. Más allá de tu alimentación, vivir en un pueblo o en una ciudad, tener muchos o pocos hermanos y estar en contacto con la naturaleza definen el perfil de tu flora bacteriana intestinal.
  • Si tienes trastornos digestivos o enfermedades que guardan poca relación aparente con el intestino y pueden alterar tu flora bacteriana. Por ejemplo, el colon irritable, el estreñimiento, la obesidad, la diabetes, algunos tipos de cáncer y los trastornos neurodegenerativos se han relacionado con alteraciones en la composición de la flora bacteriana intestinal.

Bacterias en la piel

La piel es la parte de tu cuerpo que está en contacto directo con el exterior y esto hace que esté habitada por los microorganismos ambientales.

No todas las zonas de tu piel son idóneas para que puede crecer la flora bacteriana. En general, la piel suele estar seca, es ácida y está sometida a agresiones como golpes, quemaduras y cambios bruscos de temperatura. Esto limita mucho que los microorganismos se puedan establecer en ella.

Sin embargo, en las glándulas sudoríparas y sebáceas y en los folículos pilosos hay mucha humedad y un alto contenido de nutrientes. Por ejemplo, la flora bacteriana es especialmente abundante en zonas como el cuero cabelludo, las axilas y la ingle.

Existen algunas diferencias entre la flora bacteriana de la piel y de la de tus intestinos. Las bacterias que predominan en tu piel pertenecen a los grupos Actinobacteria -incluyen las corinebacterias y las propionibacterias- y Firmicutes -dentro de este grupo la bacteria más abundante es Staphylococcus epidermidis-.

Además de contener bacterias, tu piel está poblada por hongos, principalmente del género Malassezia (cuando crece en exceso da lugar a la caspa), virus y ácaros.

 Flora vaginal bacteriana

El aparato genital femenino también tiene su flora bacteriana propia, que depende de la etapa de la vida de la mujer.

Las especies de lactobacilos más habituales en la mucosa que recubre la vagina son Lactobacillus crispatus, L. jensenii, L. gasseri y L. iners.

La flora vaginal bacteriana de las niñas pequeñas está formada por microorganismos de la piel y del intestino que contaminan la vagina. La producción de estrógenos en la pubertad favorece la colonización por lactobacilos, que actúan como barrera protectora frente a la proliferación de bacterias patógenas.

En la edad fértil, la presencia de lactobacilos en la vagina contribuye a mantener un pH ácido que evita las infecciones vaginales. Sin embargo, los lactobacilos de la vagina se reducen drásticamente antes y durante cada menstruación debido al aumento del pH vaginal, lo que favorece el crecimiento excesivo de bacterias no deseables implicadas en las infecciones del aparato genital femenino, como la vaginosis bacteriana y la vulvovaginitis candidiásica.

En el embarazo, se produce un descenso del pH vaginal secundario al aumento de los lactobacilos para proteger el canal del parto frente a posibles infecciones exógenas. Esto tiene lugar sobre todo en el tercer trimestre del embarazo, como respuesta compensatoria de la bajada de las defensas que intenta evitar el rechazo del feto.

Más tarde, la etapa de la menopausia provoca una disminución de la densidad de la flora vaginal bacteriana protectora, que pasa a estar constituida por bacterias intestinales y de la piel, como sucedía durante la infancia. Como consecuencia, aumentan las vaginitis, la sequedad vaginal y las infecciones urinarias, que están causadas por las bacterias del intestino que por proximidad anatómica acceden a la vagina desde el ano.

De forma parecida a lo que ocurría con la flora bacteriana del intestino y de la piel, la flora vaginal bacteriana también se puede afectar (tanto en calidad como en cantidad) por factores internos o externos.

Por ejemplo, los cambios hormonales que se producen durante la menopausia o el embarazo, el estrés, el tabaco, la obesidad, la diabetes, el uso de anticonceptivos orales y el uso de antibióticos, entre otros, pueden alterar la flora bacteriana vaginal. Se estima que el 75% de las mujeres en edad fértil van a presentar vulvovaginitis por Candida al menos una vez en su vida, siendo habitual que se repita.

A diferencia de la mujer, en el hombre la flora bacteriana genitourinaria es escasa. Esto se debe a que la orina impide el establecimiento de una flora bacteriana estable en los conductos urinarios. Además, es difícil que exista una contaminación por las bacterias intestinales debido a la separación que existe entre el pene y el ano. Esto explica que las infecciones urinarias sean infrecuentes en los hombres.

Flora bacteriana de la glándula mamaria

Aunque al principio se pensaba que la leche materna era estéril, hoy sabemos a ciencia cierta que es una fuente de bacterias probióticas para el correcto desarrollo intestinal e inmunológico del bebé.

Un lactante ingiere al día unos 800 mL de leche materna, que equivale a un millón de bacterias. Estas bacterias pertenecen a los géneros Staphylococcus, Streptococcus, Enterococcus, Lactobacillus, Bifidobacterium, Weisella y Leuconostoc.

Actualmente se aceptan dos orígenes para la flora bacteriana de la leche materna. El primero es la flora bacteriana de la piel de la madre o de la boca del recién nacido, que accederían a los conductos por los que sale la leche. El segundo origen es la flora bacteriana del intestino de la madre.

Esta última fuente de las bacterias de la leche materna es la más aceptada por los científicos. Su funcionamiento se explica porque durante el último trimestre del embarazo se activa una ruta interna que transporta las bacterias del intestino de la madre hasta su glándula mamaria y posteriormente hasta la leche que tomará el bebé. Esto explicaría por qué los probióticos administrados por vía oral durante el embarazo o la lactancia pueden tener un beneficio tanto para la salud de la madre como para la de su bebé.

A diferencia de otros tipos de flora bacteriana como la del intestino, la flora bacteriana de la leche humana es transitoria porque solo se mantiene mientras dura la lactancia. Cuando comienza el destete, la flora bacteriana de la leche va desapareciendo a medida que la glándula mamaria se va quedando sin leche.

¿Qué beneficios proporciona la flora bacteriana a nuestro cuerpo?

Tu flora bacteriana tiene un enorme número de efectos beneficiosos para tu salud, hasta tal punto que tu vida sería prácticamente imposible sin su presencia.

Las principales funciones de la flora bacteriana son:

  • Te proporciona nutrientes esenciales, como algunas vitaminas (vitaminas del grupo B y vitamina K) y algunos aminoácidos que tu cuerpo no puede fabricar.
  • Te ayuda a aprovechar mejor los nutrientes de la dieta. Tu sistema digestivo solo puede aprovechar los carbohidratos sacarosa, lactosa (no siempre) y almidón. Sin embargo, no puede digerir la fibra y tus bacterias intestinales se encargan de hacerlo por ti. El resultado es la transformación de la fibra en otros compuestos diminutos, como los ácidos grasos de cadena corta, que mejoran tu tránsito intestinal, te ayudan a regular tus niveles sanguíneos de azúcar y controlan tu apetito.
  • Entrena a tu sistema inmunitario para que esté preparado para poder defenderte de las infecciones causadas por las bacterias y los virus patógenos y protegerte de las alergias.
  • Fortalece tu barrera intestinal, impidiendo que los microorganismos patógenos se instalen y proliferen en tu intestino.
  • Otras funciones (más allá de tu intestino) en las que tu flora bacteriana está implicada son:
  • Tu salud cardiovascular.
  • Tu comportamiento y estado de ánimo.
  • Tener unos huesos fuertes.

La importancia de la flora bacteriana para tu cuerpo

Para que tu relación con la flora bacteriana que habita en tu cuerpo sea beneficiosa, los microorganismos se tienen que encontrar en un perfecto equilibrio. Tanto en cantidad (número de microorganismos respecto al total de toda la flora bacteriana gastrointestinal), como en diversidad (tipos distintos de microorganismos que habitan en tus intestinos).

Aunque cada persona tiene un perfil de flora bacteriana único, se han descrito unas características comunes que definen una flora bacteriana saludable:

  • Enorme riqueza y/o diversidad de especies: el número de especies microbianas y cómo de diferentes son se considera un indicador de tener una flora bacteriana en buena forma.
  • Una flora bacteriana sana es resistente, resiliente y estable a lo largo del tiempo: cada persona a lo largo de su vida desarrolla una flora bacteriana que tiene la capacidad de resistir de forma puntual amenazas externas (por ejemplo, un tratamiento antibiótico o una alimentación alta en alimentos procesados cargados de azúcar, grasas y sal) y de recuperarse. Sin embargo, si esta alteración de la flora bacteriana es continuada puedes tener un mayor riesgo de desarrollar las denominadas enfermedades modernas, como la obesidad y las enfermedades inflamatorias del intestino.
  • Una alta riqueza de genes microbianos: el número de genes de tu flora bacteriana (es decir, la capacidad de llevar a cabo una amplia diversidad de funciones beneficiosas para tu salud) se considera un buen indicador de una buena salud metabólica y calidad de vida.

¿Qué pasa cuando la flora bacteriana está alterada?

Se denomina disbiosis a la alteración continuada de tu flora bacteriana, que puede ser la que se encuentra en tus intestinos, en tu piel o en tu aparato genitourinario.

Esta alteración puede ser cualitativa (especies distintas a las habituales) o cuantitativa (cambios en las proporciones de los diferentes grupos de microorganismos de tu flora bacteriana).

Como consecuencia de la disbiosis, quedas menos protegido de las funciones beneficiosas de tu flora bacteriana y esto te hace más vulnerable frente a determinadas enfermedades.

Existen dos tipos de disbiosis en función del lugar afectado: la disbiosis gastrointestinal y la disbiosis vaginal.

  • Disbiosis gastrointestinal: puede ser debida a que nunca llega a establecerse una flora bacteriana saludable o bien la flora bacteriana se ve alterada. Los factores que impiden un establecimiento de una flora bacteriana saludable son el nacimiento por cesárea, la lactancia artificial, una alimentación poco saludable, el estrés y el tratamiento con antibióticos y otros medicamentos de uso frecuente, como los laxantes, los anticonceptivos orales y los protectores de estómago.
  • Disbiosis vaginal: cualquier situación que afecte al conjunto de bacterias (principalmente Lactobacillus) que viven de forma natural en la zona íntima femenina, puede desencadenar infecciones como vaginosis bacterianas y vaginitis candidiásicas.
  • Disbiosis del tracto urinario inferior: el descenso de los lactobacilos vaginales va unido a un aumento del pH de la vagina que favorece la migración de las bacterias desde el ano a la uretra, dando lugar a las infecciones de orina.

Las consecuencias de una disbiosis es que existe un mayor riesgo de infecciones de cualquier tipo, alteraciones metabólicas y enfermedades relacionadas con tu sistema inmunitario. Por ejemplo, la disbiosis gastrointestinal puede ser un desencadenante de la aparición de enfermedades autoinmunes (como la enfermedad inflamatoria intestinal y la diabetes tipo 1) y de otras patologías como la obesidad, la artritis reumatoide y la celiaquía. 

¿Cómo recuperar la flora bacteriana de forma natural?

Lo que dice la ciencia para recuperar la flora bacteriana de forma natural es incluir en tu alimentación cotidiana:

  • Probióticos: son microorganismos vivos que, cuando los tomas en cantidades adecuadas, tienen un beneficio para tu salud. Es importante que escojas aquellos probióticos que en su envase especifiquen su género, especie y cepa y la cantidad de bacterias que contiene hasta el momento de su consumo. Más cantidad no siempre es mejor, así que asegúrate de tomar la dosis correcta y durante el tiempo necesario. Las guías clínicas de la Organización Mundial de Gastroenterología y las de la Sociedad Española de Farmacia Familiar y Comunitaria te ayudan a escoger el probiótico que mejor se adapte a tu situación.
  • Prebióticos: son el alimento para las bacterias probióticas y para tu flora bacteriana. Sin embargo, no todas las fibras dietéticas son prebióticas y aquí lo importante es que escojas aquellas fibras que sean fermentables por tu flora bacteriana. Las fibras prebióticas las puedes encontrar en alimentos como la cebolla, los ajos, el puerro, la alcachofa, la achicoria y las legumbres y los tubérculos cocinados y enfriados. También las encuentras añadidas en algunos alimentos y en los complementos alimenticios en forma de galactooligosacáridos, fructooligosacáridos, oligofructosa, fibra de achicoria e inulina (busca estas palabras en la etiqueta para asegurarte que el alimento o complemento alimenticio sea una fuente de prebióticos).
  • Una mayor cantidad de alimentos de origen vegetal que de origen animal: según las últimas investigaciones, incluir más de 30 tipos de verduras y frutas por semana en tu alimentación es el mejor aliado para tener una salud intestinal de hierro. Por supuesto esto no es incompatible con comer alimentos de origen animal, pero que sea en cantidades pequeñas y no sean los protagonistas de todas tus comidas.

Bibliografía:

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Andreu Prados
Farmacéutico y dietista-nutricionista especializado en comunicación del sector salud. Redactor médico y consultor de comunicación en salud para empresas e instituciones del sector de la salud y la investigación biomédica. Compagina la actividad de consultoría con la docencia como profesor de másteres y formación continua en la Universidad de Barcelona, la Universidad Ramon Llull y la Universidad Isabel I.

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